JU

Juan José Laforet

Juan José Laforet: Procesión de la Señora de la Gran Canaria

Image
La procesión de la Patrona de Gran Canaria, sobre su hermoso y llamativo trono de plata, por las calles del casco histórico de Teror, se ... ha convertido en uno de los hitos más señalados de las Fiestas del Pino, y una de las imágenes más esperadas de cada 8 de septiembre en Gran Canaria, en especial cuando desciende por la calle Real bajo una intensa y larga 'petalada', arropado por una ingente masa de público y por constantes gritos de vítores, alabanzas y hasta algún que otro piropo. El procesionar en el orbe cristiano tiene orígenes antiguos y profundos, mucho más allá de las tradicionales y tan seguidas procesiones de la Semana Santa, instituidas en un patrimonio cultural, histórico y artístico indiscutible, donde sus imágenes suelen ser verdaderas obras de arte, que se conjugan con la música compuesta para estas ceremonias, las indumentarias propias de estas ceremonias, los propios pasos y tronos, junto con unos rituales que conforman una parte de la identidad colectiva de muy diferentes poblaciones y zonas. Hay que buscar, incluso desde una antigüedad muy anterior al cristianismo, cual es el valor que tiene y lo que busca un ritual, como ocurría en la antigua Grecia, o en Roma, donde caminar juntos, y mostrar imágenes de la divinidad, tenía un potente «valor comunitario y espiritual». Tanto que se ha señalado como «este componente simbólico del movimiento colectivo -caminar juntos hacia un mismo objetivo- es clave para entender su persistencia a lo largo de los siglos». Así, el procesionar, que precisamente emana de la voz latina 'processio', que significa 'ir hacia adelante', 'avanzar', desde sus orígenes cristianos se plasmó mucho más allá de las manifestaciones de la Semana Santa, y ya en el siglo V es común encontrar, en muy diferentes lugares de Europa, la realización de 'romerías', peregrinajes, traslación de reliquias, rezos públicos en momentos bélicos, o ante epidemias y sequías que tanto afectaron al viejo continente a lo largo de la Edad Media. En este ámbito, donde los cultos religiosos públicos, o la misma denominada 'piedad popular', han cobrado una enorme dimensión, es interesante recordar como el papa Francisco señaló que «cuando rezamos, nunca lo hacemos solos: aunque no pensemos en ello, estamos inmersos en un majestuoso río de invocaciones que nos precede y nos sigue». Y estos se hace patente en una antigua y muy potente realidad, la de los 'patrones', la de los 'patronazgos sagrados', en la que cobran pronto un valor fundamental y muy elocuente tanto los cultos, como el reconocimiento público e institucional de las comunidades que los celebra. Y es que, de una u otra forma, por muy diferentes circunstancias históricas y sociales, el 'patrón' y sus 'celebraciones' periódicas, engarzan con un mundo de usos y costumbres, de tradiciones, que se conformaran en verdadero testimonio e hito identitario de un pueblo, de un lugar determinado. Nuestra Señora del Pino aúna diversos patronazgos muy señalados. Patrona de la Villa Mariana de Teror y de la isla de Gran Canaria, también lo es de la Diócesis de Canarias desde el 16 de abril de 1914. Entre los patronazgos particulares resalta el del Ilustre Colegio de Abogados, que el 9 de septiembre de 1763 acordó unánimemente nombrarla su patrona, como recordó el abogado y escritor José Miguel Alzola. Esta conjunción cívico-religiosa de sus patronazgos ha revertido, en el devenir de los siglos, en que se haya instituido como uno de los símbolos principales de esta isla, de su historia, de sus tradiciones, de su ser y sentir. Celebrarla cada 8 de septiembre ha conllevado la aparición de un conjunto de solemnidades que, siglo tras siglo, se han amoldado a las realidades de la sociedad insular y de su identidad cultural, hasta llegar a las manifestaciones actuales, que tanto marcan estos días septembrinos y al pueblo grancanario. Entre esas ceremonias civiles y religiosas, en especial las de la mañana del 8 de septiembre, aparece la tradicional y antigua procesión de Nuestra Señora del Pino, que se da desde tiempos inmemoriales, pero con formas que han evolucionado a través de los siglos, con una especial incidencia de los cambios que también han tenido lugar en el orbe institucional y político. El procesionar de la Patrona de Gran Canaria por las calles de Teror, que es la culminación de la misa solemne que la precede -es como una prolongación del acto litúrgico por los pasillos de esa casa común que es Teror, y que ese día encarnan a las de toda la isla-, es un acto litúrgico, sin duda alguna y principalmente, pues es la manifestación de un pueblo que peregrina y reza aunado junto a su patrona. Pero también es un momento de exaltación pública de lo que institucionalmente la Virgen, su presencia desde su aparición en el 'Pino de las Maravillas' un 8 de septiembre de 1481 -según señala la tradición-, ha simbolizado y simboliza en la actualidad, es una oportunidad para que quienes representan a la sociedad se aúnen entorno a Ella, de forma pública y fehaciente, procesionando tras su trono, sumándose al respeto y el hondo afecto que tiene por Ella esa ciudadanía de la que son representantes -o a una parte muy significativa de la misma-, señalando también con su asistencia que es el día grande de Gran Canaria. Por ello es muy interesante observar y entender la presencia y el orden establecido para quienes participan en esta procesión de la Madre y Señora de la isla. En este sentido es elocuente que, tras la cruz basilical, quienes abran el cortejo, precediendo al trono, como anunciando que ya se acerca el paso de la Señora, sea una representación de la misma identidad isleña, con señoras ataviadas con la mantilla tradicional canaria, y seguidas de algunas representaciones de grupos eclesiásticos como cofradías y hermandades. Ya ante el trono sacerdotes en representación de templos de todos los municipios de la isla, y tras ellos los canónigos del Cabildo Catedral de Canarias, institución que, a lo largo de los siglos, ha tenido una importancia enorme en el devenir de los cultos de la patrona y en las bajadas a la capital grancanaria, estando siempre presentes estos días en Teror. Tras el trono de la Virgen, presidiendo su procesionar las más altas autoridades de la Diócesis. A partir de este punto se abre el cortejo de representantes civiles, un conjunto de autoridades cuya ordenación ha variado a través de distintas épocas y a tenor en los cambios de usos y costumbres, de normativas de protocolo oficial y para atender lo que se deseaba expresar con el procesionar de estas autoridades. Quizá un primer momento de inflexión protocolaria en esta parte de la procesión tendrá lugar a partir de la presencia de un representante del Jefe del Estado, en la actualidad e ininterrumpidamente de S.M. el Rey. Una representación que tuvo un precedente aislado en el tiempo, cuando en septiembre de 1914 Alfonso XIII envió a Teror como su representante en las celebraciones del Pino al delegado del Gobierno, que era entonces Manuel Luengo Prieto. Algo que, como recogió la prensa, causó un 'general entusiasmo' en Teror. Por ello, y atendiendo una antigua y arraigada tradición, la parte civil la abre quién tiene la representación del Rey, que desde comienzos de los años noventa del siglo pasado la han ostentado siempre los presidentes del Gobierno de Canarias. A continuación, para resaltar la condición de 'fiesta insular', y atendiendo lo que establece el vigente decreto de protocolo del Gobierno de Canarias, se ubica la representación del Cabildo de Gran Canaria, precedida de maceros que simbolizan que va constituida en pleno. Le sigue la Corporación Municipal de Teror, anfitriona de estas celebraciones, a la que acompaña la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, por la histórica presencia que la capital siempre tuvo en las celebraciones del Pino, y los alcaldes de municipios hermanados, como lo harán este año Candelaria (Tenerife), Nava (Asturias) y Valleseco (Gran Canaria). Tras la banda de Música de Teror, que cierra esta parte de anfitrionazgo insular/local, y a tenor de lo dispuesto por el R.D. 2099/83, de Ordenamiento General de Precedencias en el Estado, se ubican las primeras autoridades de Canarias asistentes, presidenta del Parlamento de Canarias, delegado del Gobierno, teniente general del Mando de Canarias, vicepresidente del Gobierno de Canarias y consejeros, generales y almirantes, y resto autoridades contempladas en el real decreto que asistan. Cierra el cortejo la banda de música militar y una sección del Regimiento de Infantería Canarias n° 50, muy vinculado históricamente al pueblo de Teror. Pero en todo ese cortejo quizá lo más grande, lo más entrañable, sean los ojos y las manos de quienes se suman anónimamente a procesionar al final de todo ese largo cortejo, de quienes se ubican y esperan en las aceras de las calles que recorre la procesión. Ojos y manos suplicantes, llenos de ilusiones y de esperanza, de miradas alzadas que exponen sus promesas y sus cuitas ante la Madre y Señora de la Gran Canaria.
Juan José Laforet: Procesión de la Señora de la Gran Canaria
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.