En 2015, sin ninguna originalidad, el Ministerio de Desarrollo Social repartía a los niños en las plazas cuadernos con la imagen de Cristina Kirchner 'para aprender sus derechos jugando'. No faltó tampoco el abuso de canales como Paka Paka o Encuentro con el mismo fin, ni el recorte con mirada unilateral de tramos de la historia, por solo mencionar algunas escandalosas situaciones de vil adoctrinamiento.
Desde 1949, La razón de mi vida, autobiografía de Eva Perón, era uno de los libros de lectura obligada en las escuelas primarias que la primera presidencia de Juan Domingo Perón hacía repartir. Admirador de Benito Mussolini, Perón promovió un intenso adoctrinamiento para asegurarse la lealtad de las futuras generaciones. El adoctrinamiento temprano deja huellas imborrables.
Lamentablemente, venimos de muchos años de un perverso sistema de vulneración de derechos y libertades, y las aulas no fueron la excepción al momento de intentar imponer un discurso único de manera intolerante y sin lugar para la disidencia. Los claustros universitarios, como espacios de formación y desarrollo de aptitudes profesionales, siempre fueron lugares privilegiados para el adoctrinamiento, como también lo han sido los colegios primarios y secundarios a lo largo de la historia.
La educación, de cualquier nivel, debe respetar la libertad de conciencia de los alumnos y de los docentes, incentivando el pensamiento crítico y la independencia en las ideas a la hora de enseñar. Sin embargo, como en tantas otras dependencias del Estado, la sucesión de capas geológicas dentro del ámbito educativo ha cobijado por décadas a quienes conservan una mirada única, populista y pseudo nacional, que idolatra a Perón y a Evita pero que ha sabido sumar convenientemente también nuevos activismos, desplegando una batalla cultural que suma división entre los argentinos. Detrás de banderas como la igualdad y la inclusión, que nadie ya osaría discutir, se montó una radicalización combativa que postula un enfrentamiento entre grupos oprimidos y opresores para aceitar una costosa maquinaria que por años dio de comer a muchos, en una multimillonaria sangría de recursos del Estado. El vergonzoso Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, cerrado en 2024, fue claro ejemplo del uso ideológico y político-partidario de las estructuras del Estado, en el cual el adoctrinamiento ocupó un lugar de relevancia.
Durante la era kirchnerista abundaron los ejemplos de adoctrinamiento en las aulas. Intendentes como Jorge Ferraresi, en Avellaneda, hacían jurar la bandera 'por Perón, Evita, Néstor y Cristina' en escuelas municipales. Gobernadores como el formoseño Gildo Insfrán dieron numerosas muestras de adoctrinamiento político en las escuelas provinciales y de usar a los niños como carne de cañón para la propaganda partidaria. Tampoco el mandatario bonaerense, Axel Kicillof, ha quedado exento de cuestionamientos frente al programa Jóvenes y Memoria y a su empleo de herramientas de adoctrinamiento en escuelas secundarias con información incompleta, sesgada o negada, y hasta por 'bajadas de línea' en jardines de infantes. Un capítulo aparte merecería cierta prédica del presidente Alberto Fernández, quien convocaba a los jóvenes a no creer 'en ese cuento del mérito'.
Hoy resulta triste asistir a grotescas intervenciones del presidente Javier Milei utilizando un espacio educativo plural para canalizar sus enconos personales. Días atrás, al ser invitado a hablar sobre ética e inteligencia artificial a una de las sedes de la Escuela Argentina ORT, en conmemoración del 90° aniversario de esta prestigiosa institución educativa, el primer mandatario no solo no se encuadró en los límites que impone una disertación académica, sino que formuló una explícita instigación a los estudiantes presentes a abuchear al periodismo.
Forzar la mutación de las escuelas -templos del saber, la tolerancia y la libertad intelectual- en atriles para la confrontación facciosa constituye un peligroso retroceso institucional que afecta la investidura presidencial.
El respeto por las ideas de todos por igual se contrapone con las prácticas autoritarias que bajan línea a los jóvenes en un tan condenable como extendido afán por adoctrinarlos.
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