Nacido en A Coruña el 15 de octubre de 1938, Constantino Sotelo Martínez se convirtió, muy joven, en uno de los neurocientíficos más influyentes de su generación y un indiscutido maestro de la microscopía electrónica.
Tras estudiar Medicina en la Universidad Central (hoy Complutense) de Madrid, Constantino Sotelo realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Fernando de Castro (1896-1967), uno de los más cercanos y brillantes discípulos directos de Santiago Ramón y Cajal. Dada la situación política en España y la clara oposición al franquismo que apenas ocultaban tanto el neurocientífico en ciernes como su hermano mayor, Ignacio Sotelo (1936-2020), encontraron mejor futuro en democracias libres como Francia y la República Federal de Alemania, respectivamente. Fue el propio de Castro quien recomendó al profesor Jean Verne que acogiese a Constantino Sotelo en su laboratorio del Instituto de Histoquímica Médica de Paris. Este fue su inicio en el estudio del cerebelo y los resultados obtenidos en París fueron parte de su tesis doctoral en Medicina, defendida en Madrid, en 1964 y que obtuvo el Premio de Doctorado de la Real Academia de Medicina, ese año, y de la tesis doctoral en la Facultad de Ciencias de la Université de la Sorbonne. En ese momento, los profesores René Couteaux y Jacques Taxi obtuvieron para Constantino un puesto del Centre Nationale pour la Recherche Scientifique-CNRS para iniciarse en la microscopía electrónica del sistema nervioso.
Tras una fructífera estancia postdoctoral en la Harvard University (1965-1967), donde perfeccionó su formación en miscroscopía electrónica junto a Sandford L. Palay, Sotelo, ya casado con su inseparable Françoise (¡pareja extraordinaria que le apoyó con admiración en todas su trayectoria!), obtuvo un puesto definitivo de investigador en el CNRS, instalándose definitivamente en París, donde alcanzó la máxima categoría de la carrera investigadora: Director de Investigación de Clase Excepcional y dirigió la Unité-106 del Institut Nationale de la Recherche et la Santé Medicale entre 1979 y 2003 en el Hospital de la Salpetriere de París.
Sus contribuciones a la organización y el desarrollo del sistema nervioso central ejercieron influencia y atracción para las nuevas generaciones durante décadas, como fue el caso de Rosa-Magda Cuca Alvarado-Mallart, Antoine Triller, Franck Bourrat, Ferdinando Rossi, Federicco Cicirata, Pierre Angaut, Marion Wassef, Eduardo Soriano (Premio Jaime I de Investigación Básica del año 2000), Isabelle Dusart, Alain Chédotal, José Ángel Armengol y nosotros mismos.
En su despacho de la U-106 del INSERM, en el Hôpital de la Salpêtrière, los retratos de quienes Sotelo consideró sus verdaderos maestros (Fernando de Castro, Palay y el profesor Jacques Taxi) estaban siempre presentes en las largas y enjundiosas discusiones científicas en las que Constantino iluminaba con su conocimiento y su prodigiosa memoria, envuelto casi siempre en la nube de Delicias de Fonseca, los puros que no faltaban de su boca desde el mediodía hasta la noche. Pero, indiscutiblemente, el 'territorio Sotelo' fue el cerebelo, donde sus estudios sobre la morfología y organización funcional de las células de Purkinje son considerados como verdaderos clásicos, a día de hoy.
Las microfotografías obtenidas por Constantino Sotelo rozan la perfección: en cada encuadre están los elementos celulares justos y nada más que los necesarios, perfectamente enfocados y fruto de una exquisita minuciosidad de todo el desarrollo de la técnica electromicrográfica, digna continuadora de la mejor Escuela de Cajal. Su legado fotográfico original seleccionado por él mismo se conserva y expone en el Instituto de Neurociencias UMH-CSIC.
Con la llegada del primer gobierno socialista a España que completaba nuestra Transición, Constantino Sotelo jugó un papel fundamental en la creación del Fondo de Investigaciones Sanitarias del Instituto de Salud Carlos III por empeño de su amigo Ernest Lluch (1937-2000), a la sazón ministro de Sanidad, quien siempre soñó con que su compañero de andanzas en el Mayo del 68 retornase a continuar su brillante carrera en nuestro país.
Entre 1992 y 1994, Constantino Sotelo presidió la European Neuroscience Association-ENA (actualmente, Federation of European Neuroscience Associations-FENS). De alguna forma, la historia hacía justicia con aquellos hermanos exiliados ya que Ignacio, desde su cátedra de Ciencia Política en la Universidad Libre de Berlín, formaba parte de la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español y se prodigaba en las páginas de EL PAÍS desde su fundación y a lo largo de su etapa de mayor brillo e influencia.
El director fundador del Instituto de Neurociencias UMH-CSIC, Carlos Belmonte, atrajo a Constantino Sotelo, como primer director de la Cátedra de Neurobiología Remedios Caro Almela (2000-2012), e instalado en nuestro grupo de investigación pasaba en Alicante medio año, aproximadamente, contribuyendo decisivamente a desarrollar la Neurobiología del Desarrollo en el instituto, imprimiendo con su presencia un muy alto nivel de exigencia intelectual a todas las actividades del Instituto, así como a proyectarlo en la comunidad neurocientífica internacional.
De igual forma, Alain Chédotal le abrió su laboratorio en el Institut de la Vision (centro mixto INSERM-CNRS-Univ. Sorbonne), para que también en París, continuase como investigador emérito del CNRS y transmitiendo su concepción de la investigación científica basada en el rigor, la precisión anatómica, la profundidad intelectual y la búsqueda incansable de respuestas a las grandes cuestiones de la neurociencia. Miembro activo de la Sociedad Española de Neurociencias-SENC desde su fundación, aparte de sus líneas de investigación, Constantino Sotelo protagonizó extraordinarias conferencias sobre la historia de la neurociencia, con especial atención a las trascendentales contribuciones de Santiago Ramón y Cajal. Sólo la pandemia de Covid-19 le apartó, definitivamente del laboratorio, la misma pandemia que se llevó para siempre a su querido hermano Ignacio.
El fallecimiento de Constantino Sotelo supone una pérdida irremplazable para la neurociencia. Con él desaparece uno de los grandes representantes de la tradición científica que, desde Cajal, ha contribuido de manera decisiva al desarrollo, no sólo de la neurociencia española, sino de la ciencia, en general. Su legado trasciende sus descubrimientos: permanece también en la memoria de la comunidad científica de una disciplina a la que Sotelo dedicó toda una vida de estudio y descubrimiento. Su obra forma parte de la historia de la neurociencia contemporánea y de la tradición científica que ha hecho posible avanzar, generación tras generación, en el conocimiento del cerebro.
Con nuestro más sentido pésame a su viuda, Françoise, sus hijas, Inés y Helena, y sus muchos y buenos amigos en todo el mundo, descanse en paz, inolvidable Constantino.
Salvador Martínez Pérez es catedrático de la Universidad Miguel Hernández-UMH, Elche (Alicante) y del Instituto de Neurociencias UMH-CSIC, San Juan (Alicante).
Fernando de Castro Soubriet es investigador científico del Centro de Neurociencias Cajal, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-CSIC, Alcalá de Henares (Madrid).
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