El MAGA y el trumpismo no constituyen un movimiento político propiamente dicho. Son más bien la expresión de un reconcomio antisistema, del rechazo y la antipatía hacia los gobernantes, y del deseo de un outsider capaz de volcar el statu quo. Pero Donald Trump ha decepcionado profundamente a muchos de sus votantes durante los menos de dos años de su segundo mandato, con resultados económicos peores de lo esperado, el flagrante incumplimiento de su promesa de no iniciar nuevas guerras, la brutalidad contra los inmigrantes, una corrupción descarada y los intentos frustrados de ocultar su implicación en las ignominias de Jeffrey Epstein.
En el periodo más reciente han surgido señales claras de una decepción política creciente y generalizada y una sensación de traición a las expectativas populares en la gran mayoría de las democracias desarrolladas. La derrota electoral de los partidos de gobierno se ha convertido en la pauta principal. En Estados Unidos, debido a la polarizante elección presidencial, solo hay dos partidos viables. Los ciudadanos tienen que registrarse como votantes de uno de los dos partidos para poder participar en las elecciones primarias destinadas a seleccionar sus candidatos. Lo novedoso es que, hoy en día, cerca del 45% de los votantes están registrados como 'independientes' no partidistas, una proporción casi el doble de la que existía hace 25 años.
Sin embargo, esto no ha conllevado un aumento de la abstención en las subsiguientes elecciones; al contrario, en las dos presidenciales más recientes, en el 2020 y el 2024, la participación fue más alta que nunca, de cerca del 64%, una proporción no vista desde 1960. También ha habido alta participación en las dos elecciones congresuales de mitad de mandato más recientes. Una deducción lógica es que muchos más votantes que nunca votan 'en contra' de candidatos partidistas tradicionales más que 'a favor' de otros candidatos.
Entre los demócratas, figuras como Hillary Clinton, Joe Biden y Kamala Harris fueron percibidas, ante todo, como miembros de la gastada y detestada clase política. Es dudoso que el Partido Demócrata gane competitividad si continúa dependiendo de políticos carreristas demasiado conocidos. El primigenio éxito de las candidaturas de los Demócratas Socialistas (DS) sugiere el surgimiento de un nuevo fervor antisistema. Ya han logrado las alcaldías de Nueva York y Washington y lideran las encuestas para congresistas y gobernadores en varios estados.
Los DS podrían convertirse en una especie de MAGA de izquierdas; es decir, una reacción tanto contra el establishment tradicional como contra la decepcionante gestión del Partido Demócrata. Esto está empezando a generar pánico entre quienes no están acostumbrados a este tipo de candidaturas, mítines y discursos de estilo europeo. Por supuesto, todo cambio con esperanza conlleva riesgo, pero expresa, sobre todo, ira y descontento.
La otra cara de la insatisfacción de los americanos con la política es la satisfacción con su vida privada
La otra cara y una buena explicación de la insatisfacción de los americanos con la política es la satisfacción de la gente con su vida privada, la cual hace que la insatisfacción política pueda ser llevadera y manejable. En primer lugar, la influencia relativa de la política en la vida de los ciudadanos es menor que en la mayoría de las democracias desarrolladas. La población de EE.UU. es menor que la de la actual Unión Europea (unos 340 millones frente a 450 millones); sin embargo, el tamaño de la economía privada en EE.UU. es más del doble que el de la UE, lo cual encoge mucho la influencia de la economía publica, aunque el tamaño absoluto de la misma en los dos imperios sea similar.
La productividad de los trabajadores americanos (producto por hora trabajada) es aproximadamente un tercio mayor que la de los europeos. Siempre he tenido la fuerte impresión de que los empleados en EE.UU. trabajan más días al año y más horas al día y que, cuando trabajan, están más concentrados, por así decirlo.
Como consecuencia de todo esto, la renta per cápita de los americanos es aproximadamente el doble que la de los europeos. Esto refleja unos salarios medios más elevados y una proporción el doble de alta de ciudadanos que poseen bonos o acciones (alrededor del 62% en EE. UU.)
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Josep M. Colomer
En contra de frecuentes comentarios anticuados e indocumentados, el 92% de los estadounidenses cuenta con cobertura sanitaria, ya sea a través del empleo o mediante programas especiales para jubilados y pobres (solo el 3% paga su propio seguro privado). Alrededor del 92% de los americanos ha completado la educación secundaria (en contraste con el 56% que termina el bachillerato o la formación profesional en España, por ejemplo). Quizás no haga falta mencionar cifras relativas a ciencia y tecnología, cultura y entretenimiento.
En resumen: muchos americanos detestan la política y votan en contra de los partidos y políticos tradicionales, lo cual tiende a producir sorpresas desagradables, en gran medida mientras y porque valoran mucho su vida privada relativamente próspera. También por eso tantas personas del resto del mundo votan con los pies e intentan unirse a ese sueño. No se preocupen: el ineficiente sistema político estadounidense continuará generando problemas y desgracias, pero no destruirá el estilo de vida americano productivo, creativo y bastante feliz, tanto privado como social.
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