Baleares tiene por delante una ola de jubilaciones que debería preocupar mucho más allá de las estadísticas de pensiones. Casi 30.000 autónomos de las Islas tienen ya 56 años o más y unos 17.600 han superado los 60. Detrás de cada cifra hay algo más que un trabajador que se acerca al final de su vida laboral: puede haber un negocio, un oficio, empleados y décadas de experiencia que corren el riesgo de desaparecer. El problema es especialmente evidente en actividades como la fontanería, la electricidad, determinados servicios profesionales o el pequeño comercio. Oficios imprescindibles para la sociedad que cada vez encuentran más dificultades para garantizar un relevo. Cuando el propietario se jubila y no existe un comprador, un familiar o un trabajador dispuesto a continuar, la persiana puede bajar definitivamente. Balears perdió 311 pequeños comercios en 2025. Y el envejecimiento de sus titulares amenaza con acelerar una transformación que ya está vaciando de actividad algunas calles y municipios, sobre todo en las zonas rurales.
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