Como grupo de curas en opción por las y los pobres nos hemos reunido en Sañogasta, La Rioja, el lugar donde fue asesinado Wenceslao Pedernera, en nuestro encuentro anual. Este año, haciendo memoria y en militante búsqueda de verdad y justicia, en el contexto de los 50 años del genocida golpe cívico-militar con bendición eclesiástica.
Hacer memoria debería comprometernos en la lucha para que Nunca Más se repita en nuestra patria todo aquello que ensangrentó nuestro suelo, enmudeció muchas gargantas y llenó de sombras nuestro futuro. Pero sería ingenuo, si no cómplice, ignorar que mucho de aquello, especialmente un modelo económico de crueldad, individualismo e injusticia, regresa una y otra vez a causa de dirigencias que no han sabido dar respuestas profundas a los grandes problemas del pueblo, a causa del gigantesco poder de los medios de comunicación y la indiferencia o desmemoria de muchos sectores populares.
La situación social es hoy más grave que nunca en nuestras comunidades barriales y campesinas. La desocupación, la pobreza, que sólo ha disminuido en los discursos oficiales, y la desesperanza, son verdaderamente preocupantes. La pobreza suma hoy nuevos rostros y nuevas formas a las tradicionales: el crecimiento del trabajo informal (a la vez que se derrumba el trabajo estable y digno), los endeudamientos en los barrios, especialmente aquellos realizados en un contexto de violencia e ilegalidad, el aumento atroz de los suicidios, especialmente entre jóvenes, son síntomas de una sociedad que se encuentra sin un horizonte cierto de esperanza.
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