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Diario De Noticias

De cambios, escudos y despedida

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Hola personas, ¿qué tal van los calores? Parece que han vuelto a dar un poco por el saco, como si se les hubiese quedado un poco de mala leche en el fondo del cajón y han dicho, vamos a darles un susto a estos pelaos que se piensan que ya ha pasado lo malo. Este sábado, según he oído en la radio, Andújar se templó con 44° C. Hoy quiero hablar de unos pensamientos que me asaltaban el magín y que quiero compartir con vosotros. Pensaba en los cambios sustanciales que, a lo largo de la historia, ha experimentado nuestra querida ciudad. Y me refiero a cambios históricos. Como todos sabéis, el núcleo de población fundacional de Pamplona fue la Navarrería. Sola vivió hasta que dejó de estarlo. Obvio. Eso sucedió en el Siglo XII y este es el primer gran cambio. Sabemos que el rey Alfonso I el Batallador, en 1129, le concedió El Fuero de Jaca al burgo de San Cernin, y concedió a sus habitantes -todos franceses, con prohibición expresa de que viviesen navarros en sus calles- pastos, leña, campo y la exención de algún impuesto, pasando a formar parte de la ciudad como burgo independiente. En las mismas fechas, un poco más tarde, de la mano de la iglesia, se levanta el Burgo nuevo o Población de San Nicolás. Este nacimiento de los burgos, como estamentos independientes, y más adelante enemigos, creo que es el primer hecho relevante tras 11 siglos sin cambios. El siguiente gran cambio de la vieja Iruña, viene de la mano de la sangre y el fuego. En 1276 los nuevos Burgos pelearon contra la vieja Navarrería, y la borraron del mapa, la arrasaron y quedó abandonada. Guillermo Anelier, nos dejó escrito su poema en occitano, La guerra civil de Pamplona, que no fue editado hasta 1847 por la imprenta de Longas y Ripa. Años después la vieja Ciudad resurgió gracias al apoyo de Carlos el Calvo que en 1324 otorga un Privilegio de reedificación de la Navarrería. Si bien esta reconstrucción ya había comenzado unos años antes. La Navarrería renació, pero la paz no llegó, los burgos seguían a la greña. Hasta que llegó Carlos III y llevó a cabo el cambio más significativo que por estas tierras se ha dado, ya que promulgó el Privilegio de la unión en 1423, del cual celebramos estos días el 603 aniversario, y creó una sola ciudad, fruto de la unión, bajo un mismo regimiento, de los tres núcleos enemigos. Consiguió lo que parecía imposible. Nos dio, escudo y bandera y levantó la Jurería en terreno de nadie, casi equidistante de los tres burgos, en el mismo solar en el que hoy se levanta el Ayuntamiento con su fachada barroca. El siguiente cambio es más sutil pero mirado con detalle tampoco es cosa de poco más o menos. Me refiero al siglo XVIII, el ennoblecimiento de la población y su consecuente reflejo en las calles de Pamplona. En Navarra ya existía una pequeña nobleza, los Redín, con su baronía de Bigüezal, los Beaumont, con la baronía de Beorlegui, los Ayanz, condes de Guendulain o los Elío, Marqueses de Vessolla. En el XVIII aparecieron otras familias, que hicieron las américas, como el marqués de Castelfuerte, Barón de Armendariz, que levantó su palacio barroco en la calle San Francisco, derribado para levantar el convento de la Visitación, el de las salesas de toda la vida. Él vivía en Perú, de donde era virrey, pero no olvidaba su tierra: mandó kilos de plata para el tesoro de San Fermín. O el Marqués de San Miguel de Aguayo que hizo al revés, construyó el palacio que conocemos por Ezpeleta en la calle Mayor, a mi gusto la portada barroca más bonita de Pamplona, y apenas lo usó: se fue a América. El vizcaíno Guendica, levantó el palacio, recién restaurado, de Rozalejo, Urtasun levantó el suyo en la plaza del Consejo, en la misma que plantó sus reales el Marqués de la Real Defensa, colocando sobre el dintel el escudo más bonito de todo Pamplona. Los de Navarro Tafalla y Mutiloa en la misma calle Zapatería, son otros dos ejemplos. La iglesia levantó el palacio Episcopal y un señor de Arizcun llamado Juan Bautista Iturralde y su señora Manuela Munarriz, marqueses de Murillo, levantaron el seminario de San Juan Bautista en la calle del Mercado. El caso es que, para levantar estos palacios, los adinerados promotores del proyecto compraban y derribaban un buen número de pequeñas casas, y esto cambió de forma sustancial el perfil urbano de la ciudad. Así mismo en la centuria que nos ocupa, nuestros ancestros vieron instalar las famosas y bonitas fuentes de Paret. Es decir que el XVIII fue el siglo en el que se embelleció Pamplona. La ciudad vivió un gran cambio. Y, por fin, llegamos al último cambio importante, pero este no solo es de aquí es global. Las cosas van cambiando de tal manera que de aquí a un par de generaciones nuestras vidas y nuestras costumbres se parecerán a las que vienen, como las de hoy a las de Felipe II. La movilidad de personas, con la consiguiente y plausible mezcla de etnias, la nueva amenaza de la guerra moderna, la influencia desmedida de las redes sociales, poner puertas al campo de la infancia en ese terreno, la baja cotización de la educación y el respeto en el parqué de la vida, la IA que mezcla realidad con ficción de tal manera que nos ha convertido en prudentes desconfiados frente a todo. En este momento creo que todos somos propensos a pensar que todo es trola. Con estos mimbres no se pueden hacer los mimos canastos que hasta hoy se han hecho. El cambio va ser digno de verse. Yo no estaré ya. Por suerte. No sé si me gustaría mucho. Para cambio, pequeño, pero cambio, el del escudo del Ayuntamiento. Han quitado una joya para poner una réplica del Bazar J hecha en resina con una impresora 3D cuyo original está a 100 metros. Si tanto les molestaba el que había, porque era de los borbones, o del sursum corda, y lo querían quitar por las razones que fuesen, son las suyas y vamos a respetarlas, no hagamos como hacen otros, me parece bien, pero siempre cambiar para mejorar, y tal mejora se hubiese conseguido colocando el original, del cual, además, se sospecha que estuvo en el Regimiento- Ayuntamiento inicial de la ciudad, y data del siglo XVI. Eso sí es una pieza digna. No tendrá policromía, pero tiene época, mucha época. Yo los cambiaría mañana mismo, la réplica, que dicho sea de paso y a cada cual lo suyo, es muy, muy buena, la llevaría a Condestable, que tampoco es mal sitio, y el maravilloso alto relieve, que tantos años vi en el zaguan de los Huarte, a la casa de todos. La policromía me recuerda todo a un bonito escudo policromado que hay en la portada de un inventario municipal de 1697 y 1698, que se guarda en el despacho de la archivera. Y para terminar este ERP, voy a daros una noticia, que no sé si será buena o mala, el caso es que este es el último Rincón del Paseante que va a llegar a vuestras manos. Todo en la vida tienen un comienzo y un final. Esta aventura empezó el 28 de enero de 2018 y acaba el 6 de septiembre de 2026. 430 han sido los paseos que han visto la luz, domingo tras domingo (solo he fallado en 19 ocasiones, pocas vacaciones para tantos años). Tras hacerlo me he dado cuenta que hay que pensar mucho y escribir mucho para llenar 430 medias páginas. Ha sido un placer estar con vosotros cada domingo. Gracias por estar ahí. Ya nos veremos, personas. Muchos besos pa tos. Facebook : Patricio Martínez de Udobro patriciomdu@gmail.com
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