Hay historias que parecen pertenecer exclusivamente al mundo del espectáculo, pero que, miradas con ojos de economista, terminan explicando a nuestra argentina.
La historia de Tini Stoessel y Rodrigo De Paul es una de ellas.
En los últimos días trascendieron versiones sobre una auditoría que habría puesto bajo la lupa la administración de los ingresos generados por la carrera de Tini. Se habla de millones de dólares, de contratos, sociedades, derechos y de una diferencia importante entre el dinero que genera una actividad y el dinero que finalmente queda a disposición de quien la realiza.
Y ahí aparece una pregunta económica mucho más interesante que cuánto gana una estrella: ¿Es lo mismo generar dinero, ganar dinero y tener dinero?
La respuesta es no. Y esa diferencia también sirve para entender a la Argentina.
Generar no es tener. Una actividad puede generar muchísimo valor y, sin embargo, quien la desarrolla puede quedarse con una porción relativamente pequeña.
Una gira musical genera ingresos, pero también tiene costos de producción, impuestos, contratos, representantes, productores, derechos y múltiples participantes.
Un futbolista puede generar enormes ingresos para un club y recibir solamente una parte de ese valor.
Una empresa puede facturar millones y, sin embargo, tener problemas de liquidez.
Un comercio puede vender mucho y perder dinero.
Y un país puede producir muchísimo y, sin embargo, no lograr transformar esa producción en bienestar para sus habitantes.
Por eso hay tres conceptos que conviene separar: generar, ganar y tener.
Generar es crear valor. Ganar es apropiarse de una parte de ese valor después de costos, impuestos y obligaciones. Tener es convertir ese ingreso en patrimonio, ahorro o inversión. La confusión entre esas tres cosas puede llevar a conclusiones equivocadas.
Y entonces aparece De Paul. El futbolista argentino, actualmente en Inter Miami, tiene una compensación anual cercana a los US$10 millones, de acuerdo con los datos publicados por la asociación de jugadores de la MLS.
Dos argentinos. Dos industrias completamente diferentes y unidos por el corazón. Tini genera valor a través de la música y los espectáculos. De Paul lo hace a través del fútbol. Ambos pueden generar millones.
Pero la pregunta económica relevante no termina en cuánto producen, sino que empieza ahí.
¿Cuánto queda? ¿Quién lo administra? ¿Quién lo controla? ¿Cuánto se transforma en patrimonio? Y, sobre todo, ¿cuánto de ese ingreso termina convirtiéndose en inversión?
La Argentina también tiene su Triple T. La economía argentina puede analizarse exactamente de la misma manera. Argentina tiene una enorme capacidad para generar valor.
Produce alimentos, energía, petróleo y gas, minería, servicios, tecnología, industria, conocimiento, turismo, talento…
El problema histórico no fue solamente cuánto generamos, sino cuánto conseguimos conservar, acumular e invertir.
Durante décadas tuvimos inflación, déficit fiscal, emisión monetaria, controles, restricciones cambiarias, cambios permanentes de reglas y una enorme presión tributaria.
El resultado fue una economía que muchas veces generaba valor, pero tenía dificultades para transformarlo en capital.
Y sin capital no hay inversión. Sin inversión no aumenta suficientemente la productividad. Y sin productividad resulta difícil mejorar de manera sostenible los salarios.
Aquí aparece uno de los desafíos centrales del momento económico argentino. La estabilización macroeconómica puede mostrar avances antes de que esos avances lleguen completamente al bolsillo. Puede bajar la inflación. Puede ordenarse el resultado fiscal. Puede recuperarse la inversión. Puede aumentar la producción. Puede crecer el PBI.
Pero el trabajador puede seguir preguntándose: '¿Cuándo me toca a mí?'
Y la pregunta es legítima. El economista puede mirar una planilla y encontrar crecimiento.
El comerciante puede mirar su caja y decir que todavía vende poco.
La verdadera prueba de cualquier programa económico llega cuando la estabilidad empieza a convertirse en empleo, salarios reales, crédito, inversión y consumo sostenible.
Por eso, más allá de cómo termine el escándalo de los Stoessel o cualquier conflicto familiar, societario o contractual, la historia de Tini deja una enseñanza económica interesante.
No alcanza con generar valor. Hay que saber quién lo genera, quién es su propietario, quién lo administra, quién lo controla y cuánto de ese valor termina convirtiéndose en patrimonio.
Y eso vale para una artista, vale para un futbolista, para una empresa y para un país.
Tini y De Paul, cada uno desde su mundo, ofrecen una valiosa lección. La economía no se trata solamente de cuánto dinero pasa por nuestras manos. Se trata de quién genera, quién gana y quién tiene.
Y quizás el gran desafío argentino sea lograr que, después de tantos años de generar riqueza sin conseguir acumularla suficientemente, podamos finalmente convertir nuestra capacidad de producir en capital, inversión, empleo y bienestar.
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