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Rafa Bados

Septiembre también es un comienzo

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Hay dos momentos del año en los que sentimos que todo empieza de nuevo. Uno de ellos tiene lugar en enero, quizá porque así lo dicta el calendario oficial. El otro es septiembre y, probablemente, sea este último el que más se asemeja a un verdadero comienzo. Septiembre es el mes del retorno. Volvemos al trabajo, a los colegios, a las agendas, a las reuniones y a las calles, que recuperan su ritmo habitual. Regresamos también a esos asuntos que dejamos aparcados antes de que llegara el verano. Las ciudades recobran el pulso y nosotros, de alguna manera, también lo hacemos. Pero este reinicio no debería limitarse a retomar lo que dejamos atrás. Septiembre puede ser también una oportunidad para preguntarnos hacia dónde queremos evolucionar. Córdoba afronta un nuevo curso con motivos para mirar al futuro con cierto optimismo, pero también con tareas que ya no deberíamos seguir posponiendo. Hay proyectos que avanzan, oportunidades que empiezan a concretarse y transformaciones que, hasta hace pocos años, parecían inalcanzables y que hoy forman parte de un horizonte mucho más próximo. La Base Logística del Ejército de Tierra (BLET) es, seguramente, el mejor ejemplo. Durante mucho tiempo hablamos de esta instalación como una oportunidad para el futuro. Ahora está cada vez más cerca y el verdadero desafío consiste en conseguir que su impacto trascienda de los límites de la propia infraestructura. Industria, empleo, formación, innovación, servicios y nuevas empresas deberían formar parte de una transformación que Córdoba tiene que saber aprovechar. Porque tampoco debemos pecar de ilusos. Ninguna gran inversión convierte por sí sola en más próspero a un territorio. Necesitamos acompañar ese impulso con otras decisiones, esas que ahora se denominan estratégicas, como mejorar nuestras conexiones, facilitar la llegada de talento, crear oportunidades para que nuestros jóvenes puedan desarrollar aquí su proyecto profesional y vital, reforzar la relación entre la Universidad y el tejido productivo y seguir haciendo de Córdoba un lugar atractivo para vivir, trabajar y emprender. También tendremos que decidir cómo queremos que sea nuestra ciudad desde el punto de vista urbano. Los últimos veranos nos están demostrando que las altas temperaturas han dejado de ser únicamente una cuestión meteorológica coyuntural. Condicionan nuestros horarios, nuestra manera de ocupar el espacio público, la actividad comercial, el turismo y, en definitiva, nuestra forma de vivir. Adaptarnos a esa realidad climática nueva es uno de los grandes retos de los próximos años. Y, junto a los grandes desafíos, habrá que seguir cuidando aquello que hace que una ciudad tenga vida todos los días. El comercio de cercanía es una pieza esencial para ello, no solo por su contribución a la economía y al empleo, sino porque detrás de cada persiana levantada hay actividad, relaciones personales, seguridad y barrios con identidad. Lo mismo ocurre con la hostelería, los mercados, la cultura o las pequeñas empresas que, sin grandes titulares, construyen cada jornada una parte de la Córdoba que somos. A veces tendemos a imaginar el porvenir únicamente a través de los grandes proyectos. Y los necesitamos. Córdoba debe aspirar a ellos, competir por lograrlos y estar preparada para aprovecharlos. Pero una ciudad no se construye solo con rimbombantes anuncios. También se levanta desde lo cotidiano, con un barrio con actividad vecinal, con una empresa que decide invertir, un joven que encuentra una oportunidad, un comercio que abre cada mañana o una familia que encuentra razones para quedarse a vivir aquí. Quizá uno de nuestros principales retos sea precisamente ese, conseguir que las oportunidades grandilocuentes y la vida diaria avancen en la misma dirección. Septiembre puede servir para recuperar conversaciones pendientes, pero también para abrir otras nuevas. Para dejar atrás debates que llevan demasiado tiempo girando sobre sí mismos. Para establecer prioridades y, sobre todo, para convertirlas en decisiones. Porque uno de los riesgos que corremos es comenzar cada nuevo curso hablando de las mismas cuestiones que dejamos pendientes en junio, regresando al mismo punto de partida como si fuera el día de la marmota. Los próximos años serán decisivos para Córdoba en muchos aspectos. Algunas de las decisiones que adoptemos ahora determinarán buena parte de la ciudad que tendremos al final de esta década. Por eso convendría levantar la mirada, superar la urgencia del día a día y preguntarnos qué ciudad queremos construir. Y no se trata de partir de cero. Al contrario. Córdoba ha avanzado y hoy dispone de oportunidades que no tenía en otras épocas. Pero hay que asumir que el porvenir no llega simplemente dejando pasar el tiempo. El futuro se prepara. Agosto permite detenernos y reflexionar. Y el mes siguiente vuelve a poner el reloj en marcha. Por eso septiembre también es un comienzo. La cuestión es si queremos utilizarlo simplemente para volver a empezar o si estamos dispuestos, de una vez, a avanzar. *Presidente de la Federación Provincial del Comercio (Comercio Córdoba)
Septiembre también es un comienzo
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