UN

unknown

Pereira y la enfermedad del olvido.

Image
Por: Rodrigo Tabares Ruiz En la novela Cien años de soledad, Gabriel García Márquez convirtió la enfermedad del olvido en una de las metáforas más poderosas de nuestra literatura. Los habitantes de Macondo comienzan a olvidar los nombres y las funciones de las cosas y, ante el temor de perderlo todo, terminan colocando letreros para recordar qué es una vaca, una mesa o una puerta. No era solamente una enfermedad del cuerpo: era el peligro de perder la memoria colectiva. Algo parecido puede suceder después de un terremoto. Pereira ha vivido una nueva sacudida que dejó viviendas afectadas, familias evacuadas, pérdidas humanas y materiales, miedo e incertidumbre. Pero cuando pase la emergencia, cuando las edificaciones sean reparadas y las noticias dejen de ocupar los titulares, aparecerá otro riesgo, menos visible pero igualmente peligroso: el olvido. El terremoto de 1999 dejó una profunda huella en Pereira y el Eje Cafetero. Sin embargo, con el paso de los años, aquella tragedia comenzó a convertirse en un recuerdo distante para las nuevas generaciones. Hoy, frente a un nuevo desastre, la memoria vuelve a ser indispensable. No para vivir atrapados en el pasado, sino para aprender de él. García Márquez nos mostró que un pueblo sin memoria queda condenado a repetir sus errores. Esa advertencia resulta especialmente pertinente cuando se habla de construcción, prevención y gestión del riesgo. Cada edificio afectado, cada familia que tuvo que abandonar su vivienda y cada historia de solidaridad debería convertirse en una lección para el futuro. El verdadero desafío comienza cuando termina la emergencia. Reconstruir no significa únicamente levantar paredes, reparar fachadas o recuperar vías. También significa conservar la memoria de lo ocurrido, documentar las fallas, revisar las normas, fortalecer los organismos de prevención y exigir que las decisiones urbanísticas tengan como prioridad la vida humana. Pereira no puede permitirse padecer la enfermedad del olvido de Macondo. Necesita memoria para recordar cuales fueron los sitios con mayor vulnerabilidad, redefinir los usos del suelo en las zonas afectadas, quiénes fueron afectados y qué decisiones funcionaron o fracasaron. Porque los sismos pueden durar segundos, pero sus consecuencias permanecen durante años. Y si una ciudad olvida demasiado pronto, el próximo movimiento telúrico podría encontrarla repitiendo las mismas equivocaciones. Que este terremoto no termine cuando deje de temblar la tierra. Que permanezca en nuestra memoria como una advertencia. Porque olvidar las lecciones de una tragedia también puede ser una forma de preparar la próxima. La memoria, entonces, también es una forma de prevención. Recordar no es vivir del pasado: es construir un futuro menos vulnerable
Pereira y la enfermedad del olvido.
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.