Iniciamos un nuevo curso político después de las vacaciones de verano. Y francamente, el panorama no es mejor que el que dejamos. Estos días me ... viene a la memoria la famosa frase, que utilizo mucho, de Julián Marías: «Lo que me inquieta es que en España todos se preguntan ¿qué va a pasar?; casi nadie se pregunta ¿qué vamos a hacer?».
Sería un tanto pretencioso por mi parte pensar que con este artículo se pueden dar pasos para pasar de «decir» a «hacer»; al menos me queda la ilusión de que las pequeñas acciones de cada uno de nosotros mejoren la sociedad.
Se le atribuye a Charles de Gaulle la famosa frase «La política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos». La política no sólo la hacen los políticos; la política supone también una conciencia cívica. La sociedad no la cambian solo los políticos, sino también los colectivos, las empresas y los ciudadanos activos que actúan. Hablamos de conciencia comunitaria.
Es el llamado método Kaizen o de los pequeños pasos, que busca que, con el trabajo diario de cada empleado, este pueda ir mejorando su actuación a través de pequeñas mejoras.
La democracia, como sistema político, no responde a un modelo unilateral, sino que representa un modelo que mejora con las aportaciones y negociaciones de diferentes colectivos sociales.
En un momento como el actual, de profundas transformaciones tecnológicas con una amplia y fuerte repercusión tanto en la economía como en el ser humano, es más necesaria que nunca la colaboración y cooperación para lograr una mayor eficiencia y eficacia en la acción privada; pero, sobre todo, en la pública.
Es importante tomar conciencia de lo que estos cambios implican para cada uno de nosotros y para la sociedad en su conjunto. Problemas nuevos que requieren soluciones diferentes. Problemas nuevos requieren también de personas nuevas, talento, rigor, conocimiento, inteligencia, humildad, empatía, anticipación, espíritu constructivo y compromiso con la sociedad y con las personas.
Esto implica la necesidad de romper ciertas inercias, que podemos constatar tanto en los procesos de toma de decisiones públicas como en la implementación de políticas públicas o la prestación de servicios por parte de la Administración. A veces sobra ideología e improvisación por falta de experiencia, de recursos, de conocimientos o por una mentalidad cortoplacista. Pero falta visión estratégica, buen diagnóstico de los problemas y análisis e impacto de las soluciones; pero, sobre todo, faltan objetivos comunes y compartidos como país y como Comunitat.
En España tenemos un serio problema de gobernanza de los asuntos públicos; siendo patente en cada crisis que tenemos que afrontar; sea ésta climatológica, de incendios, económica, de inmigración o de agresión territorial a nuestro país, como la invasión de Ceuta. En todas estas situaciones surge un clamor popular de descoordinación, ausencia y abandono del Gobierno. Y esta situación no es nueva; de hecho, una de las principales críticas que el constitucionalismo social catalán ha formulado es el abandono que han sufrido por parte de los gobiernos del Estado, permitiendo la hegemonía política nacionalista e independentista.
El actual clima de polarización política, la ausencia de Presupuestos Generales del Estado en los tres últimos años, la parálisis de la acción del gobierno, de la gestión pública y la falta de acuerdos para abordar las reformas necesarias que necesita nuestro país, pueden lastrar nuestro futuro, porque comprometen nuestro desarrollo económico, nuestra competitividad y nuestra reputación. Y a propósito de la reputación; quienes acuñaron el término «hipoteca reputacional» para describir la situación de la Comunitat Valenciana deben estar perplejos ante el escenario que atraviesa el Gobierno de España.
Y es que la reputación de un país es un elemento intangible fundamental para el éxito de la gestión pública, el crecimiento económico y la atracción de inversiones; que requiere de dos elementos esenciales: la conciencia de su importancia y la coherencia entre el discurso público y los hechos; y además, no conoce de fronteras en un mundo global e hiperconectado como el nuestro.
El sabio refranero español dice que «con las cosas de comer no se juega». Por eso todo gobernante debe ser muy consciente de que la reputación e imagen que se proyecte de su gestión y de su país tiene efectos directos sobre la economía y el bienestar social y económico de sus conciudadanos.
La invasión de Ceuta, con imágenes de miles de inmigrantes deambulando por las calles de una ciudad colapsada y de ciudadanos manifestándose en las calles en defensa de sus derechos y de la integridad territorial de España; con la lentitud de la burocracia y los problemas de gobernanza para coordinar una respuesta ágil y contundente; así como los incesantes casos de corrupción, con falta de respuestas coherentes y creíbles y la falta de asunción de responsabilidades políticas son todo ello un claro síntoma de descomposición y fin de ciclo político , con activación de la conciencia comunitaria.
El presidente va desnudo; aunque nos quiera hacer creer que viste el mejor de los trajes.
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