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Marcelo Torrez

Malvinas cambió la conversación

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Es cierto que los climas políticos en la Argentina suelen ser tan volátiles como el humor social. La agenda va y viene, saltando de un tema a otro, guiada por una fuerza invisible capaz de mover la atención mediática en un santiamén: de un escándalo por filtraciones indebidas de los personajes públicos a un hecho de corrupción entre tantos; de allí a un asesinato conmovedor, una desaparición, un enfrentamiento o una polémica ideológica sobre cómo encarar y hacia dónde llevar el proceso de transformación económica que se está desarrollando en el país. Un día es la inflación, otro el empleo, el endeudamiento de las familias, las importaciones, el populismo contra el capitalismo. Ninguno de esos asuntos, en síntesis, alcanza por sí solo para explicar el corazón del problema. Puede que ese corazón esté, precisamente, en la ausencia de una causa común. En algo hoy inexistente, convertido en política de Estado, capaz de ordenar detrás de sí una parte importante de las preocupaciones y expectativas de la sociedad. O, más sencillamente, en la dificultad de encontrarlo. La causa Malvinas y la profundización del sentimiento nacionalista que Milei viene incorporando a su discurso pueden encuadrarse en ese estado de situación. La oposición se ha mostrado visiblemente desconcertada con el paso dado por Milei en torno a Malvinas. Su expectativa parece ser que el tema se diluya en la conversación pública como tantos otros y que el centro de la discusión vuelva a estar en aquellos asuntos que alimentan el malestar social y la indignación con el Gobierno. Desde ese lugar, entiende, podría construir una alternativa electoral. Pero si las elecciones generales —presidenciales y provinciales en buena parte del país— fueran hoy, es muy probable que el elector llegara a la urna con dos grandes asuntos sobre la mesa: los dolores y los aciertos económicos del programa de Milei, y Malvinas. Son cuestiones centrales. Y, por razones diferentes, tienen una capacidad enorme para definir posiciones políticas. La pregunta, entonces, pasa por saber cómo juegan ambas para el Gobierno en términos electorales. Alfredo Cornejo no tiene demasiados motivos para lamentarse de aquella decisión que tomó en su momento: seguir el camino que Milei trazó durante la campaña y que, llegado el balotaje, terminó inclinando la balanza a su favor. Hoy recorre el país haciendo gala de haber sido uno de los primeros en acompañarlo, aun sin ser mileísta. En la última semana lo hizo en dos oportunidades. Primero en CABA y luego en Misiones, en foros donde se discutieron la economía, la geopolítica y el rumbo estratégico del país. En CABA habló de 'poner el cuerpo' en favor del rumbo y expresó su convencimiento de que Milei será reelecto en 2027. En Misiones, después de la cadena nacional por Malvinas y de los anuncios presidenciales —el proyecto para endurecer las sanciones económicas a las empresas que avancen en la explotación de recursos en el Atlántico Sur, la creación del Consejo de Seguridad Nacional y la ampliación de las facultades del Ejecutivo para utilizar herramientas económicas en defensa de la soberanía sobre Malvinas—, el respaldo político de Cornejo se profundizó, se ratificó y se amplió. Todavía no se sabe con certeza si Cornejo será candidato el año próximo. Podría serlo a legislador nacional, tanto a Diputados como al Senado, especialmente después de las dudas que la Corte despejó en torno a la banca que hoy ocupa Rodolfo Suarez, quien pasó de la gobernación a la Cámara Alta precisamente para reemplazar al propio Cornejo, en aquel enroque polémico que forma parte de la particular política mendocina. Pero, sea cual sea su destino electoral, difícilmente abandone el discurso que hoy está desplegando. Por supuesto, como se dijo al comienzo, la volatilidad de la discusión pública argentina hace aventurado imaginar cuáles serán dentro de un año los temas que dominarán la campaña. Hay algo, sin embargo, que difícilmente pueda ser desplazado: la economía. El apoyo de Cornejo al oficialismo nacional, del que es socio político-electoral en Mendoza, no es solamente un apoyo a Milei. Es, según lo que viene expresando, el respaldo a un rumbo determinado, hoy liderado claramente por el Presidente. Cornejo lo resumió con una definición que acaso sea más importante que todo lo demás: la Argentina y Mendoza tendrían más posibilidades de triunfar estabilizando su economía y manteniendo el rumbo durante mucho tiempo, 'sin depender de una persona, pero por mucho tiempo', remarcó. Una diferencia y una observación que no pasa desapercibida, más para la mirada de la política tradicional. Cornejo acompaña el rumbo de Milei, pero se ocupa de despegar ese rumbo de la figura del presidente. Lo que reivindica es la continuidad de determinadas políticas, no necesariamente la dependencia permanente de un liderazgo personal. Y tampoco toma distancia ni se separa totalmente. Es parte del rumbo, del modelo pero con independencia y autonomía crítica parece decirles a los electores mendocinos. Tampoco sería descabellado interpretar que, con Malvinas, Milei pudo haber relanzado su gestión cuando se acerca a cumplir tres años de gobierno y cuando comienza a hacerse más visible un clima negativo en sectores medios y medios bajos por las dificultades económicas. Y junto con ese relanzamiento pudo haber comenzado, de hecho, la campaña electoral hacia 2027. Cornejo acompaña y acompañará ahora más que nunca esa línea. Y lo propio podría hacer, se infiere, quien aspire a sucederlo desde el oficialismo mendocino: un candidato alineado con un proceso que, para el propio gobernador, hoy deja 'ganadores y perdedores', pero que a futuro considera estructuralmente positivo. La oposición queda, en ese escenario, frente a una dificultad adicional. Ya tenía problemas para construir un discurso sensato y creíble ante un electorado que está molesto y enojado por la falta de resultados concretos del programa económico, pero que, en su mayoría, tampoco parece dispuesto a regresar al lugar que Milei derrotó en 2023. Ahora tiene que incorporar a ese discurso una posición clara y sin ambigüedades sobre Malvinas. La dificultad es mayor. Porque la recuperación de las islas constituye un sentimiento profundo de la sociedad argentina. No pertenece a Milei, ni a un partido, ni a una corriente ideológica. Forma parte de una causa nacional instalada desde hace décadas, pero mucho más desde 1982 en el imaginario colectivo. Por eso, la oposición puede discutir las formas, la estrategia diplomática, las herramientas económicas o las decisiones del Gobierno. Lo que no tiene demasiado margen para hacer es aparecer ajena o indiferente de la causa. Ese es probablemente el principal efecto político de la jugada de Milei. Hasta ahora, la oposición intentaba disputar el futuro desde el terreno donde suponía que el Gobierno era más vulnerable: la economía. Malvinas agrega otro terreno de disputa, mucho más complejo, porque obliga a tomar posición sobre una cuestión que excede ampliamente al Gobierno y que atraviesa una fibra sensible de la sociedad. La economía seguirá siendo determinante. El empleo, los ingresos, el crédito, el consumo, las importaciones y el nivel de vida de los sectores medios y medios bajos seguirán pesando sobre cualquier elección. Pero Milei acaba de darle otra dimensión a la discusión electoral. Y Cornejo ya entendió que esa discusión empezó. MÁS NOTICIAS:
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