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El Ejido

Los maestros que quieren salvar a las orcas

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Los maestros que quieren salvar a las orcas FOTO MOI PALMERO Tengo un cuento atrapado que se resiste a pasar al papel, y el tiempo se me acaba. En la historia, las orcas tendrán protagonismo porque son animales magistrales, de gran inteligencia, fuerza, velocidad y están consideradas como superdepredadores ápice. Como las tengo dando vueltas de acá para allá en mi cabeza, he estado pendiente de las noticias que salían sobre ellas este verano, y esta semana han coincidido varias. Las más mediáticas, por desgracia, son las de la interacción con dos barcos en Galicia a los que les han vuelto a romper el timón. Digo por desgracia, porque aunque intentan explicar las diferentes hipótesis de por qué lo hacen, siempre queda flotando en el aire ese pensamiento de que son animales violentos, ballenas asesinas, cuando todos sabemos que no son ballenas, sino delfines, y tienen tanto de asesinas como nosotros cuando despellejamos un conejo para comer. Para mí es un juego, un aprendizaje para cazar atunes, una moda, o quizás las tres juntas. Tanto es así, que una de las noticias más llamativas ocurrió a principios de verano, cuando Estrella, que pertenece a la familia de las Gladis en el Estrecho y que tan famosas se han hecho, le ofreció el regalo de la cabeza de un atún a uno de los veleros. Algo que ha sucedido en otras partes del mundo, pero que, aunque sí es habitual entre ellas, no lo es tanto entre individuos de diferentes especies. Otra noticia que también ha dado mucho de qué hablar es el disparo que sufrió Toñi, matriarca de las Gladis, en su aleta y que la marcó con diez perdigonazos. Parece que se está cerrando el cerco y que fue una embarcación española en aguas portuguesas. Ojalá la pillen, le quiten el barco y la hagan limpiar las playas en vez de ponerle una multa. Pero hay una noticia de la que se habla poco y se debería hablar mucho más. España está manteniendo una batalla legal con Francia, porque Loro Parque, con el apoyo del Gobierno de Canarias, pretende llevar, sin la aprobación de España si es necesario, a su cárcel de piscinas a dos orcas, Wikie (24 años) y Keijo (11, su hijo), que en estos momentos están en las instalaciones del parque marino Marineland Antibes en la Riviera Francesa. La razón es que allí se han prohibido los espectáculos con cetáceos, como en muchos países europeos. En el nuestro es en el que más delfinarios y orcas, delfines y belugas tenemos en cautividad, con el eufemismo de la investigación, la educación y la conservación. España, reticente, y los grupos conservacionistas están defendiendo su negativa con argumentos científicos, éticos y de responsabilidad, ya que en las instalaciones de ese zoo ya han muerto cinco orcas a edades muy tempranas, y además, murió un entrenador preparando un espectáculo con una de las orcas. Ese suceso, con otro similar ocurrido en EEUU, dio lugar a un fabuloso documental, Blackfish, que intenta responder una pregunta: ¿Son animales violentos, o lo que pasó fue por las condiciones de estrés y frustración en las que viven, obligadas a hacer de payasos si quieren comer? No es sólo una queja sin fundamento, sino que proponen la alternativa de crear un santuario en la costa donde puedan vivir y, por qué no, volver al mar. Es un tema complejo, con muchas aristas, en el que no voy a profundizar, porque lo que me interesa es la iniciativa que ha surgido a raíz, o paralelamente, a esta noticia, y a la que desde aquí, aunque sea simbólicamente, porque no soy funcionario en ningún centro educativo, aplaudo, apoyo y ayudo a divulgar para que cunda el ejemplo. Un grupo de docentes de Infantil, Primaria y Secundaria ha lanzado una campaña llamada 'No es centro para zoos', con el objetivo de conseguir que los centros de Canarias excluyan de su programación y actividades complementarias las visitas a las instalaciones que se enriquezcan con el sufrimiento de animales en cautividad. Una iniciativa necesaria y valiente, porque, a pesar de que tienen grandes argumentos éticos, científicos y de coherencia educativa para los estudiantes y la sociedad, se están enfrentando a los poderes políticos y económicos de las islas, que ven en el cautiverio de estos animales la manera de generar mucho dinero. Pero así debe ser: La escuela es la palanca para cambiar el mundo. Lo mejor de la iniciativa, como buena herramienta de educación ambiental, es que, tras analizar la realidad y con el objetivo de encontrar soluciones a los problemas ambientales que generan estas instalaciones, proponen un sinfín de alternativas, materiales y herramientas educativas para los docentes que se adhieran a la campaña y decidan convertir su centro en un 'Centro Libre de Visitas al Zoo', porque no se educa con la palabra, sino con el ejemplo. Ojalá tengan éxito, y su voz y su ejemplo se multipliquen no sólo por las Canarias, sino por toda España, y las campañas de Empty the Tanks, vaciad los tanques, sean innecesarias. Ojalá esta vez ganen la educación, el respeto a la naturaleza y los maestros que quieren salvar a las orcas y a todos esos animales que malviven en cautividad.
Los maestros que quieren salvar a las orcas
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