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CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN

Warren y el efecto llamada

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Mientras pasaban las semanas y los españoles seguíamos sin saber cuántos inmigrantes irrumpieron en Ceuta, y cuántos permanecían, Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, también tiene hechos todos los cálculos sobre los inmigrantes que España necesita; a saber, todos los que le ayuden a mantenerse en el poder, o, al menos, dejar a los socialistas bien situados para el futuro, con una bandera ideológicamente atractiva. Ese es el verdadero "efecto llamada": Warren está llamando a los votantes, presentes y futuros, extranjeros o españoles, residentes o no residentes, "personas migrantes" -como se dice tontamente ahora- o no. Y, como obviamente esto no lo puede confesar de forma abierta, se dedica, qué sorpresa, a sus bulos. El argumento económico está siempre presente en las arengas populistas de Warren. Hace un tiempo declaró, con total seguridad: "Sin inmigrantes España perdería un 19% de su PIB en 2050", abundando en cifras sobre las que no puede tener pronóstico fiable. Su sentimentalismo tóxico, como diría Dalrymple, está siempre listo y mezclado con su soberbia. Y así como antes declamó "España nunca ha avanzado levantando muros" -¡él!-, el jueves pasado insistió en el Congreso en que su modelo migratorio es el de "la ciencia, la humanidad y la solidaridad". Y siguió dando rienda suelta a sus camelos analíticos y predictivos: "Por cada euro que se recorte de cooperación habrá que terminar gastando diez más en fronteras y en funerales", como si la ciencia económica no hubiese cuestionado reiteradamente el supuesto poder taumatúrgico de la ayuda exterior en términos de desarrollo. Fatal arrogancia La fatal arrogancia hayekiana afecta también a algunos analistas, que presumen de saber cuántos inmigrantes realmente necesitamos, y encima cómo deberían ser (cualificados o no, cristianos o no, etc.); o que no puede ser que vengan inmigrantes con el paro que tenemos, o que lo incrementan; o que si la población aumenta más que el PIB usted, señora, se empobrece; o que el inmigrante, y no la intervención del Estado, tiene la culpa de nuestros males. Precisamente, Milton Friedman apuntó hace años al Estado cuando dijo que no podía haber inmigración libre y Estado de bienestar a la vez (aquí el vídeo: https://bit.ly/4qYqPpA). Pero si el Estado complica la llegada e integración de los inmigrantes, que nunca es un proceso sencillo, incentivándolos a que sean competidores en la redistribución de la riqueza más que cooperadores en la creación de la misma, la peor solución es la de Warren, que pretende ser el bondadoso acogedor de foráneos alegando: "La inmigración ayuda a sostener el Estado del bienestar". Esto es falso, y además bloquea o dificulta considerablemente la solución de los problemas. Salvo, quizá, y mire usted por dónde, el problema del propio Warren Sánchez.
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