Después de las vacaciones más extrañas de sus vidas, es imprescindible que nuestros niños regresen a la escuela en la fecha ya asignada. Que recuperen la normalidad, sobre todo ellos, debe ser tarea primordial para la Ciudad y el Gobierno de la Nación. Por tanto, hay que hacer todo lo posible para que se den las condiciones de una vuelta segura y ordenada.
Ceuta vive un momento de tensión social sin precedentes y los niños no se escapan del alcance de este fenómeno, que afecta de especial manera a su bienestar mental. La escuela es clave en paliar sus daños y hacer que piensen en otra cosa que no sea este suceso que nos ha atravesado a todos; es el primer entorno formal donde aprenden a convivir con otros niños, desarrollan habilidades sociales y aprenden a manejar relaciones interpersonales; además, proporciona seguridad y rutina, elementos fundamentales para la estabilidad psicológica de los niños.
También, el feedback que reciben de la comunidad educativa influye en la percepción que tienen de sí mismos y, para muchos, representa un espacio seguro donde pueden expresar sus emociones y buscar apoyo. Pero también requiere de una cosa, y es la intervención de los docentes de manera responsable y tolerante.
Somos humanos y cada uno siente o ve las cosas de distinta manera, pero el colegio debe ser un lugar de aprendizaje y formación de valores, sobre todo democráticos. Hay que promover la unión y rechazar que los discursos políticos polarizantes lleguen a ellos, porque en la crianza de los más pequeños, es tan importante un docente como un padre o madre. Hay que entender que son la continuación natural de la sociedad, representan el potencial de mejora, de un aprendizaje colectivo en el que se pueden frenar los prejuicios de las generaciones adultas.
Los profesores son garantes de esos valores, dan ejemplo de solidaridad después de todo lo vivido, enseñar a los niños y niñas a ayudarse y no competir. La interacción con ellos aporta vitalidad y esperanza a la sociedad, contrarrestando el agotamiento emocional de las generaciones adultas. Por ello, es necesario detectar conductas que sean negativas para los niños.
Es legítimo protestar y solicitar medidas que mejoren la situación actual, también es legítimo criticar y pedir rendición de cuentas a los responsables de esta mala gestión, pero también es igual (o más) importante unir y no dividir.
Muchas personas han aprovechado estas circunstancias para sembrar el odio, culpar a colectivos y hacer alarde de un supuesto patriotismo que solo ha provocado que la tensión social siga creciendo. Lo que sí podemos decidir es cómo queremos que sea nuestra sociedad en un futuro porque son estos niños quienes heredarán el mundo y quienes definirán las tendencias futuras.
(0)Comments