PA

PABLO SALAZAR

PABLO SALAZAR: No es sólo el centro, también los barrios se despersonalizan

Image
Mi hermano me riñe, y con motivo, por mi tendencia hacia la nostalgia urbana. Es que siempre estás recordando el Pon Café, Balanzá, Barrachina, Noel... ¡ ... pero si alguno de ellos no lo llegaste ni a conocer! Supéralo, hombre, supéralo, viene a decirme. Será cosa de la edad, le respondo (aunque en realidad yo siempre he sido mayor y anclado en un pasado tal vez idealizado). En mi frecuente recurso a la memoria de lo que Valencia fue y ya no es viajo con otros compañeros de fatigas periodísticas, empezando por el maestro Puche y continuando por Nadal, Civera o Lloret. O de otras profesiones, caso de Javier Gómez-Ferrer, JV Boira, Andrés Goerlich o Rafa Lahuerta, entre otros. Sufridores todos de una despersonalización acelerada que ha trastocado nuestros espacios clásicos en franquicias, transformando los bares y las tiendas de toda la vida (sería más correcto hablar de toda nuestra vida) en negocios enfocados a un turismo que no para de crecer. En el centro y fuera del centro. Porque eso es lo que hoy pretendía contarles. Que ya no son sólo la Ciutat Vella -con el Carmen, la Seu, la Xerea, el Mercat, Velluters, San Francesc y Universitat- y el Ensanche los afectados por esta revolución comercial. Son todos los barrios de Valencia. A imagen y semejanza de lo que está ocurriendo en casi todas las ciudades españolas y en la inmensa mayoría de las europeas. En el que yo vivo, el quiosco, que cerró, ha sido reemplazado por un local que en la puerta anuncia que ofrece «productos latinos y rumanos». Por cierto, estuve a punto de entrar para preguntarle si es que los rumanos no son latinos pero pensé que no iba a entender la gracia. A los dos kebabs turcos se suma una peluquería regentada por un sirio. Varias tiendas «multiprecio», las antiguas «todo a cien», algunas, las más, en manos de propietarios chinos, y otras, las menos, de españoles. Un supermercado con «productos asiáticos». Un restaurante que antes era chino pero que ahora también dice ser «asiático» (ha ampliado el ámbito geográfico de influencia). Un restaurante que antes fue una pizzería italiana cuyos dueños eran un matrimonio de argentinos pero que ahora, parece ser (aquí radio macuto) se han quedado unos hindúes. Un negocio para el arreglo y cuidado de las uñas que lleva otra china. Una especie de ultramarinos-tienda para todo con un cartel en la puerta que destaca que la carne que vende es «halal». Un bar con camareros y cocineros chinos que ofrece menús españoles. Otra tienda con tarjetas, cargadores y resto de recambios para el móvil, con dependientes africanos... Esto es lo que hay, junto a un horno de toda la vida que ha ido cambiando de dueños, una farmacia, un taller de automóviles, un gimnasio y varias clínicas de fisioterapia, así como un estanco. Por el camino perdimos el ya citado quiosco, varias papelerías (ya no queda ninguna), la librería (tres cuartos de lo mismo), las sucursales bancarias (idem, de hecho para sacar dinero hay que andar no menos de 15 minutos), la corsetería, el ultramarinos, la tienda de fotografía... Cada día aparecen proyectos de nuevos hoteles en los barrios. Unos que se inauguran (en la Malvarrosa), otros que están a punto de acabar las obras (en la calle Jesús), otros que se proyectan (en el Cabanyal). Y los apartamentos turísticos se multiplican pese a las prohibiciones municipales. Al final, tienes la sensación de que con la tendencia imparable al turismo de masas, con ese fenómeno en el que de alguna manera todos participamos, hemos acabado perdiendo el control de lo que nos es propio, de nuestras ciudades, del lugar en el que habitamos. Convertido en un mercado inmenso que cada día día sale a Bolsa: «me quedo este bloque para apartamentos», «te compro tu panadería para transformarla en pastelería-cafetería», «anuncio un 'hotel boutique' en este edificio que llevaba años vacío»... Todos somos culpables (unos más que otros) y nadie lo es. Pero el resultado es desolador. Porque uno se siente casi extraño en los lugares que antes, sin serlo, pensaba que eran suyos.
PABLO SALAZAR: No es sólo el centro, también los barrios se despersonalizan
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.