Entre el rural y lo urbano, rezumaba jovialidad... Durante el Directorio primorriverista, en O Carballiño, a las construcciones existentes -Iglesia parroquial, Balneario o Asilo-, aún de reciente creación, vinieron a unirse otras obras públicas modernas -Plaza de Abastos o Grupo escolar-. El propio ministro, Calvo Sotelo, en 1928, visitaba la villa -uno de sus feudos electorales-, para inaugurar tanto el Mercado Municipal como el Centro Escolar. El gobierno del que formaba parte había puesto el foco en la escolarización. Sin embargo, a pesar del esfuerzo que había hecho, aún faltaban instalaciones para acoger el volumen de alumnos y alumnas que existía; mismo, aquí, en la capital del Arenteiro. De ahí que, tres años más tarde, cuando el Patronato de los Hermanos Prieto decide rehabilitar el viejo asilo para convertirlo en Colegio, la vecindad lo celebrase.
Adelaida Prieto Pereira -originaria de O Carballiño- en las disposiciones legales que deja escritas en el testamento que realiza en Santiago, especifica que la casa solariega en la que había pasado la infancia y la juventud, junto a su familia, fuese 'consagrada al Señor en sus pobres'. Los hermanos - Severino, Fray Juan M° Prieto y Leandro-, no solo acataron su voluntad, sino que, además, decidieron que sus bienes temporales siguiesen un destino similar a los de ella. Será Juan M° Prieto -religioso franciscano-, último superviviente del núcleo familiar, quien se convierta, en el brazo ejecutor de la misión benefactora.
En efecto, la Casa Solar, el 1 de agosto de 1901, comienza a ser gestionada por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Para facilitar el tránsito de vehículos y personas, por los alrededores, el Ayuntamiento, al año siguiente, abre, la calle Hermanos Prieto. Y, en 1903, se inaugura el asilo con la Capilla contigua al inmueble.
La Esfera 1926.
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La Región
El goteo constante de personas hacia aquel Hospicio, hizo que los filántropos hermanos Prieto se viesen impulsados a construir un edificio, más moderno, con capacidad suficiente para acoger a un centenar de asilados -50 hombres y a otras tantas mujeres-, en las mejores condiciones higiénicas y sanitarias. El domingo 24 de julio de 1921, se inauguraba una de las construcciones más emblemáticos de la villa y uno de los mejores locales asistenciales del Estado. El Patronato, constituido por el Obispo de Ourense -en caso de vacante por el arzobispo de Santiago-, por el alcalde de O Carballiño, por el Arcipreste del territorio al que perteneciese el asilo, y por los dos hermanos que aún vivían, sería el órgano encargado de cumplir los fines fundacionales.
En octubre de 1930, la Institución benéfica aprueba la ampliación del edificio añadiéndole un pabellón más. El arquitecto santiagués López de Rego que ya había diseñado el edificio principal, se encarga de la dirección de las obras -el coste inicial es de 200.000 pesetas-. La finalidad era trasladar a todos los asilados desde el viejo asilo al nuevo, para luego intervenir en aquel espacio y convertirlo en un Centro de Enseñanza.
A finales de noviembre, Fray Juan M° Prieto, al tiempo que se pusieron en marcha las obras de rehabilitación, entabló gestiones con la Casa-Madre de la Congregación de María Ana Foncuberta, con el propósito de que se hiciesen cargo del Colegio. El Instituto, fundado en España, contaba con más de doscientas religiosas dedicadas a la enseñanza y la mayoría de ellas poseían título profesional. Así fue como, dependiente del Patronato del asilo, comenzaba la andadura académica el conocido, coloquialmente, entre la vecindad, como Colegio de las Monjas. En él, una Comunidad -según El Ideal gallego- de ocho Religiosas Terciarias Franciscanas, bajo la dirección de sor Visitación López, instruían, moral y culturalmente, a niñas que estaban en situación de vulnerabilidad.
La inauguración del Centro Educativo se anunció en la prensa -El Progreso, El Compostelano, La Región, El Eco de Santiago, Galicia…-, y la villa se engalanó para celebrar el evento. En la mañana del domingo 8 de febrero de 1931, las autoridades locales se encontraron con una gran manifestación popular. En un ambiente festivo, a los acordes de un pasodoble, ejecutado por la banda de la capital del Arenteiro, la muchedumbre primero se dirigió desde la plaza del Ayuntamiento hasta el Asilo de Ancianos, para, pasar a recoger al último benefactor superviviente de la familia; luego, desde allí, lo acompañó hasta la Plaza de los Hermanos Prieto. A las diez y media llegaba el obispo Florencio Cerviño que era recibido por Fray Juan M° Prieto y por el alcalde, Maximino Prada, junto a otras autoridades civiles, militares y religiosas.
Todo transcurrió conforme a lo previsto. En el altar mayor de la capilla, figuraban la Purísima Concepción, San José y Santa Marta. Después, el coro -acompañado al armónium por la Superiora de franciscanas de Villagarcía-, las Hermanas Religiosas Terciarias -con 40 alumnas uniformadas-, el Obispo -que ofició la misa-, y el lectoral -que predicó sobre la auténtica caridad-, dotaron de solemnidad la ceremonia litúrgica. Ya revestido el Prelado de Pontifical, procedió a la bendición de las aulas; e incluso, les concedió a los asistentes 50 días de indulgencias. Por último, al acto religioso le sucedió el cívico. El hotel Carlos sirvió el banquete. En él bridaron para que aquel Colegio incensado tuviese una larga vida. Hoy es casi… centenario.
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