La fotografía de Vicente Fox junto a Alejandro 'Alito' Moreno en la sede nacional del PRI no es una simple imagen de cortesía política. Es una fotografía que nos da la razón en lo que siempre hemos sostenido: PRI y PAN son la misma cosa.
Fox, el hombre que en el año 2000 encabezó la alternancia y derrotó al partido que había gobernado México durante casi ocho décadas, regresó ahora a la casa del PRI para reunirse con su dirigente nacional y hablar de la construcción de un frente opositor rumbo a los próximos procesos electorales. La escena, por sí misma, tiene una enorme carga simbólica, quien llegó a la Presidencia para sacar al PRI de Los Pinos y más allá de eso, dijo que los iba a acabar, a desaparecer, hoy aparece tendiendo puentes con ese mismo partido.
Pero esta historia no comenzó con las alianzas electorales de los últimos años, sus antecedentes se remontan, por lo menos, a finales de los años ochenta y principios de los noventa, después de la controvertida elección presidencial de 1988. En aquel momento, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari encontró en el PAN un interlocutor político fundamental, surgieron entonces los acuerdos y negociaciones que la memoria política bautizó como las 'concertacesiones', una combinación de concertación y cesión de espacios políticos.
Uno de los episodios más emblemáticos ocurrió en Guanajuato en 1991, cuando, en medio de un conflicto electoral, se produjo una salida política que llevó al panista Carlos Medina Plascencia a la gubernatura interina. Aquella etapa consolidó una relación de negociación entre el gobierno priista y dirigentes panistas, entre ellos Diego Fernández de Cevallos, una de las figuras centrales del PAN en esos años.
Con el paso del tiempo, aquellas coincidencias dejaron de ser discretos acuerdos de élite y se convirtieron en alianzas políticas abiertas. El Pacto por México reunió nuevamente a las principales fuerzas partidistas y, más tarde, PRI, PAN y PRD construyeron formalmente la coalición Va por México, hasta competir unidos en la elección presidencial de 2024.
Por eso, la fotografía de Fox y Alito no puede analizarse como un hecho aislado. Es, más bien, el capítulo más reciente de una relación política que ha tenido distintas etapas: primero, las concertaciones; después, las coincidencias legislativas; más tarde, los acuerdos nacionales; y finalmente, las alianzas electorales abiertas.
La diferencia es que hoy la fotografía llega en un momento particularmente revelador. PRI y PAN enfrentan una profunda pérdida de fuerza política y electoral frente a un nuevo escenario nacional. Y cuando los partidos que durante décadas se presentaron como adversarios históricos advierten que, por separado, no logran recuperar la confianza ciudadana, vuelven a buscarse.
Pero esto que hoy vemos no inaugura una nueva historia, confirma todo el pasado que explica que, durante tantos años, detrás de sus 'diferencias', de sus campañas y de sus discursos, siempre se han amado, primero en lo oscurito, pero ya ahora no les importa su propia ideología.
Y hoy, ante su propio declive, la pérdida de posiciones políticas y el avance de una nueva realidad electoral en México, esa complicidad resurge.
POR SAÚL MONREAL
EEZ
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