Mientras La Pampa insiste con el relato del "río robado" ante la Corte, las imágenes del río Atuel en Algarrobo del Águila demuestran que los excedentes erogados por Mendoza acumulan una altura de más de 1,70 metros de agua, pero se estancan por la falta de limpieza y dragado en suelo pampeano. La falacia del caudal ecológico, la inacción de Santa Rosa y el desafío para el nuevo Consejo Hídrico de Cornejo. Las fotos que desarman la retórica de Santa Rosa y el silencio incomprensible de la gestión mendocina que debe pasar a la ofensiva y exigir que la vecina provincia limpie su cauce antes de seguir reclamando.
Las imágenes que llegan desde el paraje pampeano de Algarrobo del Águila son tan elocuentes como demoledoras y desarman, de un solo golpe el relato político e institucional que la provincia de La Pampa ha construido durante décadas. Mientras los despachos oficiales de Santa Rosa, la Secretaría de Recursos Hídricos pampeana y el propio Gobernador insisten ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación y en las cadenas de medios y ante la opinión pública sobre una desertificación provocada y la ausencia total de agua, la realidad en el terreno muestra una postal radicalmente distinta, el río Atuel está allí, ancho, con un espejo de agua imponente y con un pelo de agua que acumula más de 1,70 metros de altura en el lecho del cauce.
Las fotos son más que reveladora solo al mirar la altura de agua en la pilastra del puente cuya altura libre es de 3mts-
Foto tomada el 27 de agosto de 2026.
Hoy, ante la necesidad técnica el Complejo Hidroeléctrico Los Nihuiles de erogar excedentes con maniobras operativas y preparar el embalse para los próximos caudales de deshielo, el agua ha vuelto a correr en volumen considerable hacia el territorio vecino. Sin embargo, hay un fenómeno que la narrativa pampeana omite cuidadosamente, el recurso agua llega con fuerza hasta el puente que cruza la ruta nacional 151 en Algarrobo del Águila, pero simplemente NO PUEDE PASAR encuentra un paredón infranqueable, debido al abandono absoluto del cauce, la acumulación de sedimentos, la falta de dragado y la invasión de maleza que sufre el cauce del río dentro de la jurisdicción pampeana. Demostrando el propio abandono del cauce en tierra pampeana. La falacia del "caudal ecológico" de 3,2 m³/s
Durante años, La Pampa ha agitado como bandera de combate el fallo de la Corte Suprema de Justicia que fijó un caudal ecológico mínimo en el límite interprovincial. Más allá de que las condiciones de sequía estructural y la variabilidad climática de la cuenca hayan impedido a Mendoza garantizar en forma continua ese volumen específico, la coyuntura actual expone una contradicción flagrante.
Las fotos muestran el caudal del rio Atuel, aguas arriba del puente Algarrobo del Aguila.
Foto del 27 de agosto de 2026.
Hoy, que los excedentes técnicos erogados desde los embalses están enviando al límite interprovincial un caudal sustancialmente superior a esos 3,2 m³/s, el agua tampoco alcanza los famosos bañados pampeanos. Aquel ecosistema emblemático por el que la dirigencia política de la vecina provincia tanto declama y rasga sus vestiduras en los tribunales sigue sin recibir el recurso, no por falta de envío desde Mendoza, sino porque La Pampa no ha movido una sola máquina ni invertido un solo peso para limpiar, encauzar y mantener el lecho dentro de sus fronteras.
Es un juego de cinismo político perfecto, resulta más lucrativo en términos del relato victimista mantener un cauce taponado para sacarle fotos al suelo seco aguas abajo, que invertir en la infraestructura básica necesaria para conducir el agua que sí ingresa.
Resulta técnicamente absurdo exigir la entrega de un caudal en el límite interprovincial si aguas abajo la infraestructura de recepción es un tapón natural provocado por la desidia. El agua erogada por Mendoza se estanca en Algarrobo del Águila, embalsándose contra el propio desinterés de una gestión gubernamental a la que parece resultarle más lucrativo, en términos de victimización política, exhibir postales de suelo agrietado aguas abajo que asumir la responsabilidad de poner a correr el río en su propio suelo.
Video del estado actual del río Atuel en Algarrobo del Águila en territorio de La Pampa donde el agua del río se estanca por un embanque de arena a la altura del puente y no hay aprovechamiento del recurso hídrico. pic.twitter.com/YZCrUzseP1 — Jorge Fernández R (@jfrojas) September 4, 2026 La gran hipocresía de Ziliotto y su comparse
La política hídrica y ambiental del gobernador Sergio Ziliotto se ha convertido en un insostenible contrasentido. Mientras corre presuroso a la Justicia Federal para presentar amparos y cautelares contra la Ley de Glaciares -en un intento por erigirse mediáticamente como el gran guardián del ambiente y los ríos-, puertas adentro de su provincia ejerce un abandono culposo. Ziliotto sobreactúa preocupación por las altas cumbres y las fuentes continentales, pero no es capaz de mandar una sola máquina a dragar, desmalezar y desembancar el cauce del Atuel en Algarrobo del Águila. Resulta de un cinismo absoluto litigar contra las leyes nacionales y reclamar caudales ecológicos en los tribunales, mientras el agua que Mendoza efectivamente envía se estanca y se pudre en su propia frontera porque su gestión se niega a realizar el mantenimiento básico para que el recurso alcance los tan mentados bañados pampeano
El cómodo silencio mendocino y las deudas del nuevo Consejo Hídrico Pero la responsabilidad no se agota en la ribera pampeana. La pregunta obligada apunta a los despachos oficiales de Mendoza, ¿por qué la provincia de Mendoza no exige con firmeza técnica y diplomática la limpieza e intervención inmediata del cauce pampeano? Llamativamente, poco y nada, ¿Por qué el Gobierno provincial se limita al rol de acusado en lugar de denunciar en todos los fueros que la ineficiencia de Santa Rosa invalida cualquier intento de recomposición ambiental? Y no exige auditorías ambientales y técnicas a la contraparte ni expone con firmeza institucional esta negligencia manifiestamente visible, cauce aguas abajo del puente
Sí Mendoza, regula y eroga agua dentro de un esquema de escasez generalizada, resulta inaceptable que no se exija el mismo compromiso de gestión del otro lado de la frontera. Las fotos no mienten, el Atuel cruza, llena la cuenca en Algarrobo del Águila y se frena contra la desidia Pampeana. Es hora de que el reclamo por el agua empiece por limpiar el propio patio.
Recientemente, el Gobernador Alfredo Cornejo oficializó, mediante el Decreto N° 961, la creación del Consejo Consultivo Permanente de Asuntos Hídricos Interjurisdiccionales. La norma puso en marcha un organismo colegiado integrado por representantes del Ministerio de Gobierno, Infraestructura y Desarrollo Territorial, el Ministerio de Energía y Ambiente, la Asesoría de Gobierno, la Fiscalía de Estado, el Departamento General de Irrigación y legisladores de ambas cámaras.
El objetivo declarado de este Consejo es blindar y unificar la estrategia política, técnica y jurídica de Mendoza ante los conflictos por ríos compartidos y asistir al Poder Ejecutivo en la definición de posiciones institucionales ante organismos interjurisdiccionales. Pues bien: las fotos de Algarrobo del Águila constituyen la primera gran prueba de fuego para este flamante Consejo Consultivo.
Unificar la defensa del agua mendocina no significa únicamente redactar escritos defensivos ante la Corte Suprema. Implica pasar a la ofensiva con pruebas de campo en la mano. Si el Consejo Consultivo pretende blindar los recursos de la provincia, debe exigir de manera urgente inspecciones técnicas conjuntas, peritajes sobre la capacidad de conducción del cauce en La Pampa y la ejecución de las obras de desmonte y dragado que Santa Rosa esquiva deliberadamente.
Mendoza realiza acciones de eficiencia hídrica, presurización de riego e inversión en infraestructura para optimizar cada gota en una cuenca golpeada por la escasez. Es inaceptable que el esfuerzo de los regantes mendocinos termine acumulado en un piletón ciego del lado pampeano por pura desidia política.
Las pruebas son irrebatibles y están a la vista. El agua cruza la frontera, pero se ahoga en La Pampa. Es hora de que Mendoza abandone la pasividad institucional, interpela la retórica victoriosa del vecino y exija que la contraparte empiece por limpiar su propio cauce
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