De tal libro, tal folletín. O culebrón, en términos latinos. O soap opera, en su versión norteamericana. En todo el mundo cuecen pésimas historias y peor contadas. El jueves pasado Antena 3 estrenó en abierto la adaptación audiovisual de la novela de Sonsoles Ónega, Las hijas de la criada, Premio Planeta 2023, un bodrio que mereció críticas devastadoras, como la de El País, donde Jordi Gracia escribió: 'La sensación de ridículo con la novela ganadora es sofocante. Por la trama, por el estilo, por su absoluta nadería'. Y añadió: 'Maravilla la capacidad de Las hijas de la criada para desescalar hacia abajo y sin límite en el subsuelo de la novela'. Por contraste, en un diario local su crítico literario, subsidiado por la poderosa editorial, lo calificaba de 'novela decimonónica'. La trama es de llorar amargamente. En el pazo de un acaudalado conservero gallego nacen a la vez dos niñas: una, hija de la señora de la casa, y la otra, hija de la guardesa de la finca. Dos madres y el mismo padre, el señorón. En la confusión de aquella noche de 1900, la sirvienta da el cambiazo de las criaturas para que la suya tenga mejor vida y salvarla de una miseria segura. ¡Toma melodrama! La historia se desparrama entre Cuba y Argentina hasta que, ¡chaaán, tatachánnn!, como lo celebraría el mago Juan Tamariz, las hermanastras, ya mayores y vividas, se encuentran, se perdonan y pululan felices por Galicia. Son un total de ocho capítulos muy ostentosamente producidos, porque la demagogia del folletín actual es la exuberancia del vestuario, escenarios variopintos, muchos extras, música épica de retumbante trombón, difuntos a mansalva y reparto descomunal para crear la sensación de gran película con la que disfrazar su vaciedad. Es como en la política y las tertulias: que lo simple parezca denso.
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