La tormenta perfecta. Trump diciendo en abril que Ceuta y Melilla deberían pertenecer a Marruecos, como regalo personal a su aliado preferente en África, pensando, quizás, que la cosa es tan fácil como cambiar el nombre del lago Ontario. El gobierno genocida de Israel, que ahora pretende sacar a todos los gazatíes de la Franja, denunciando que las dos ciudades son una colonia, con lo que el cinismo ha llegado al límite de la estratosfera. Mohamed VI amenazando con otra crisis si a Felipe VI se le ocurre pisar suelo ceutí, dándole así a Sánchez una prueba más de que Marruecos no ha tenido nada que ver con la situación.
Putin metiendo basa en todo lo que puede, mientras las ultraderechas nacionales, poniéndole palos a toda rueda que se mueva, como siempre, y dado que no tienen otro programa que el antisanchismo, sueñan con que la crisis acabe con el gobierno para poder, al fin, hacer la matanza como toca y empezar a fabricar chorizos cuanto antes. Y, por último, la torpeza que está mostrando nuestro Gobierno y la sorprendente servidumbre de Sánchez a un sátrapa al que le importa un comino lo que le pase a 80.000 de sus ciudadanos.
Mientras este barullo geopolítico se va cociendo en su jugo, nos crece la evidencia de cómo una tragedia humana de tal magnitud puede ser usada como moneda de cambio sin escrúpulo alguno, a la vez que revela el lado más oscuro de una política migratoria, la de la Unión Europea, basada en la externalización del control de los flujos migratorios.
(0)Comments