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Francisco Gómez Nadal

Francisco Gómez Nadal: La soledad no deseada es (sólo) el síntoma

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Hay una avalancha de discursos sobre la soledad no deseada. Bueno… de discursos y de proyectos anunciados a bombo y platillo. Y, aunque la mayoría ... de encuestas sitúa en la juventud al grupo más amplio de la sociedad que dice sentirse sola sin desearlo, hay una cierta obsesión por identificar soledad no deseada con vejez. Imagino que miramos al espejo social cargadas de prejuicios y de imaginarios sobre la supuesta fragilidad y aislamiento de todas las personas mayores. Los que trabajamos cada año con y junto a cientos de personas mayores sabemos que no es así, pero da igual que lo repitamos en cuanto consejo, jornada o reunión se nos invite porque nadie parece querer en cuestión una narrativa que mueve dinero, empleos y (malas) conciencias. Consejerías, ayuntamientos, entidades del tercer sector, colegios profesionales y 'freelancers' de lo social se han lanzado de forma compulsiva a ofrecer 'soluciones' para acabar con la soledad no deseada, algo similar a intentar aplacar la fiebre pero no ser capaces de ver o de atender la neumonía. No voy a cuestionar aquí cada iniciativa, sino que la intención de este breve texto es señalar el error de enfoque, de visión. La soledad no deseada no es una enfermedad (¡han llegado a denominarla de pandemia!) y, desde luego, no es la causa de nuestros males. La soledad no deseada es una percepción subjetiva de cada persona que así se siente y que tiene sus causas en muchos elementos diferentes, pero que sí describen las sociedades que hemos construido. De hecho, la soledad no deseada no es un problema individual que cada persona deba atender (ojalá fuera tan fácil) sino un problema colectivo por la forma de vida hacia la nos hemos abocado. Desde ese enfoque, el mundo común al que deberíamos aspirar se debilita cuando cada malestar social acaba convertido en una responsabilidad individual. Entonces, si la soledad no deseada en las personas mayores es un síntoma… de qué lo es. En realidad de una situación multicausal que comienza con la sociedad del individualismo extremo, que continúa con la ruptura o la dificultad de sostener relaciones relevantes, que no puede obviar la precariedad económica o habitacional de muchas personas, que pasa por la ruptura de los vínculos comunitarios en barrios y pueblos, y que tiene mucho (pero mucho) que ver con la dificultad de encontrar sentido a la vida en un mundo de consumo e hiperactividad en el que la lentitud, el aburrimiento o las capacidades diversas no cotizan en bolsa. Podemos hacer ferias, conciertos, paseos o clubes para entretener y entretenernos, pero eso no evita que quien se siente solo o sola siga patinando en ese estado porque no se han atacado las causas reales y porque no se ha fomentado el tejido comunitario. Si las causas que nos empujan hacia la soledad no deseada son sociales, la solución deberemos encontrarla en común. Lo demás está bien y es necesario, pero no podemos 'venderlo' bajo ese mantra extendido desde la pandemia de la 'lucha contra la soledad no deseada'. En nuestra experiencia de 49 años investigando, generando espacios, actividades de aprendizaje, o acciones sociales y culturales sabemos que la oferta de 'actividades' puede ayudar a sostener la vida –de calidad–, pero eso no significa que sirvan para que la gente no habite esa soledad no deseada porque se tenga la edad que se tenga –y perdonen la obviedad ramplona– estar acompañado no significa no sentirse solo. Cambiar las gafas para mirar a las personas mayores consiste, además, en dejar de homogeneizarlas en un grupo de edad (¿de los 65 hasta los 100 años las personas son lo mismo?) e ir prescindiendo de las muletas edadistas para juzgarlas o para proponer soluciones. Nos gusta pensar en el carácter 'antiguo' de 'todas' las personas mayores, aunque una mujer que en 2026 tenga 75 años de edad pudo asistir a sus 29 años al primer concierto de los Ramones en España, que fue en 1980, y otra que a los 20 años de edad estuviera trabajando o estudiando en Madrid en 1965 pudo asistir al primer concierto de Los Beatles en Las Ventas, aunque ahora tenga 81. Nos 'tranquiliza' el imaginario de fragilidad, aunque las personas mayores de las zonas rurales menos pobladas lleven lidiando con la soledad desde que tienen memoria. Nos es útil hablar solo de la soledad no deseada y evitar nombrar que miles de mujeres mayores se trabajan y defienden una 'soledad deseada' que, por fin, les permite hacer lo que les da la gana después de una vida dedicada a los otros. La soledad es el síntoma y quizá, solo quizá, lo que no nos guste son las enfermedades que refleja.
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