Aunque parezca increíble aún hay personas, amantes del conocimiento, que se lamentan por la pérdida irreparable de la Biblioteca de Alejandría. Y personas que visitan conmovidas los viejos monasterios ortodoxos donde monjes cristianos medievales salvaron y copiaron las joyas bibliográficas de Occidente cuando el imperio otomano quiso arrasar nuestro legado. Hoy gozamos de cierto porcentaje de la sabiduría antigua gracias a multitud de casualidades, golpes de buena suerte, afán de protección y sentido del deber. Millones de bibliotecas en el mundo conservan manuscritos y libros que contienen el conocimiento de miles de años en toda clase de saberes. Y hay personas cultas -cada vez menos- que valoran esa riqueza y la estudian. Quizá el futuro no sea tan amable, porque los indicios nos llevan a pensar que vuelven los tiempos oscuros en los que se quemaban libros, esta vez de la mano de la tecnología y los dictadorzuelos que la manejan.
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