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CI-RED 2026: El momento de prevenir antes de lamentar

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México es un país acostumbrado a levantarse después de la tragedia. Lo hemos demostrado frente a terremotos, huracanes, inundaciones, incendios y toda clase de emergencias. Somos solidarios cuando ocurre el desastre, generosos cuando alguien necesita ayuda y capaces de movilizar instituciones y ciudadanos para rescatar, atender y reconstruir. Pero hay una pregunta que debemos hacernos con mayor frecuencia: ¿por qué seguimos siendo tan buenos para responder después de la tragedia y todavía tenemos tanto por avanzar para evitarla? Esa reflexión cobra especial importancia tras la realización del Primer Congreso Internacional para la Reducción de Riesgos de Desastres, CI-RED 2026, celebrado los días 3 y 4 de septiembre en Villahermosa, Tabasco, bajo el tema 'Riesgos hidrometeorológicos y cambio climático como desafíos para el desarrollo sostenible'. El encuentro nació como un espacio para reunir a la academia, gobiernos, especialistas y sociedad alrededor de una misma preocupación: comprender mejor los riesgos para reducir sus consecuencias. Y ahí está, precisamente, la importancia de este Congreso. Hablar de reducción del riesgo de desastres significa cambiar la lógica con la que tradicionalmente hemos entendido las emergencias. Ya no basta con preguntarnos cómo atender a la población cuando el agua ya entró a las viviendas, cuando el huracán ya destruyó la infraestructura o cuando la comunidad quedó incomunicada. La pregunta debe hacerse antes. ¿Dónde estamos construyendo? ¿Qué tan vulnerables son nuestras ciudades? ¿Qué sabemos de nuestros riesgos? ¿Funcionan nuestros sistemas de alerta? ¿Estamos tomando decisiones con información científica o seguimos improvisando? El CI-RED 2026 colocó sobre la mesa temas fundamentales: cambio climático, riesgos hidrometeorológicos, Atlas de Riesgos, planeación municipal, sistemas de alerta temprana, resiliencia territorial, gobernanza, infraestructura, participación comunitaria e innovación tecnológica, incluyendo inteligencia artificial e información geoespacial. No es un catálogo de temas académicos. Es, en realidad, una agenda para el futuro. Porque los desastres no son solamente un asunto de Protección Civil. Un desastre también tiene que ver con la manera en que crece una ciudad, con las decisiones de desarrollo, con el cuidado de las cuencas, con la calidad de la infraestructura, con la pobreza, con la educación y, sobre todo, con la capacidad de las autoridades para reconocer los riesgos antes de que se conviertan en emergencias. Tabasco fue una sede simbólica y pertinente. Es un territorio que conoce la fuerza del agua y las consecuencias de los fenómenos hidrometeorológicos. Durante el Congreso se destacó, además, el trabajo para generar nuevos mapas de modelación de inundaciones que fortalezcan la actualización de los Atlas de Riesgos y mejoren la toma de decisiones. Ese es el camino que México necesita recorrer. Necesitamos menos documentos guardados en escritorios y más información convertida en decisiones. Menos Atlas de Riesgos que nadie consulta y más planeación territorial. Menos reuniones que terminan con fotografías y más acuerdos que terminen protegiendo vidas. Porque un Congreso puede reunir grandes especialistas y producir importantes reflexiones, pero su verdadero éxito comenzará después de que se apaguen los micrófonos. El reto será transformar el conocimiento en políticas públicas, los diagnósticos en prevención y la ciencia en herramientas útiles para las comunidades. También resulta alentador que estos espacios incorporen a estudiantes, investigadores y nuevas generaciones de especialistas. La reducción del riesgo necesita experiencia, sin duda, pero también necesita relevo generacional, nuevas tecnologías y nuevas formas de comprender un mundo donde los fenómenos extremos y la vulnerabilidad están cambiando. México tiene una enorme capacidad de respuesta. Tenemos rescatistas, bomberos, paramédicos, brigadistas y ciudadanos que, una y otra vez, salen a ayudar cuando todo parece perdido. Ahora debemos fortalecer otra capacidad: la de anticiparnos. El CI-RED 2026 representa una oportunidad para impulsar esa conversación. Una oportunidad para entender que prevenir también es salvar vidas. Porque reconstruir después de un desastre es necesario. Pero construir sociedades capaces de evitarlo, reducirlo y resistirlo será siempre mucho más inteligente. El futuro de la Protección Civil no puede comenzar cuando suena la alarma. Tiene que comenzar mucho antes. Prevención, la medicina del futuro. Más del autor:
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