La guerra está llevando a Ucrania hacia una reestructuración que se observa tanto en la geografía como en la sociedad; hay una economía en dificultad, ciudades bajo el fuego y un 20% del territorio ocupado; se produjeron cambios sociales en los estamentos de la población. La última novedad es la llamada a las armas de las mujeres.
Obviamente, se ha llegado a este punto por el agotamiento de la población masculina apta para combatir y las dificultades de presupuesto, que limitan la oferta económica a posibles nuevas levas. Los soldados mercenarios no bastan para cubrir las vacantes que se abren continuamente en el ejército ucraniano.
El gobierno ucraniano abordó el tema con una campaña informativa para normalizar el argumento, quitarlo del área de excepcionalidad a la que realmente pertenece; el ex ministro de Defensa Oleksij Reznikov ha declarado sin mayores vueltas que se trata del modelo de conscripción de Israel, que sería el único capaz de garantizar la subsistencia de la nación, dado que se extiende a todos los residentes capaces de combatir o de servir en la logística militar, sin distinción de sexo. En esta línea se ha difundido el discurso oficial: la mujer sería destinada al pilotaje de drones, comunicaciones y servicios de retaguardia.
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