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Alberto Moreno

Apenas necesitan dos o tres profesores que los pongan en órbita

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En nuestros tiempos había tres meses de verdad y septiembre era una bola extra vacacional. Si no te había quedado ninguna, las clases no empezaban hasta bien entrado el mes, pero ahora somos europeos. El adelanto escolar al 7 de septiembre se debe a la necesidad de garantizar el mínimo legal de 175 días lectivos para equipararnos a nuestros países vecinos y facilitar la conciliación laboral de las familias, favorecido por la eliminación de los exámenes de recuperación y la búsqueda de un calendario con parones más equilibrados. Eso me genera una extraña sensación de libertinaje (nadie estudia en verano aunque no lo haya hecho bien), pero también de esclavitud infantil. Todos los posts de instagram y los artículos de puericultura que leo en la prensa me hacen educar desde la culpabilidad, pero eso es solo hasta que los sociólogos detectan que hay demasiados padres que se sienten culpables y que deberíamos volver a Esparta y al ábaco. Independientemente de todas las aristas que tiene ser padre hoy, con nuestras blandurrieces conceptuales, nuestras lógicas encaminadas a evitar los traumas que sufrimos y la comprensible incertidumbre de no saber cómo asesorar a nuestros hijos para estudiar esto o lo otro porque su trabajo del futuro aún no existe y no sabremos cómo guiarles responsablemente —la fábula del guía ciego—, lo cierto es que veo las mochilas a los pies de sus camas, con sus cuadernos rayados, sus lápices puntiagudos, con sus gomas de borrar inmaculadas y con sus estuches estampados con la serie que más les gusta actualmente y empatizo con su falta de ganas, con su pereza casi plañidera y con el vértigo que les supone separarse de nosotros cuando les había crecido otro cordón umbilical. Piensas: 'Pero tendrás morro, me he pasado casi tres meses (decir tres meses enteros sería exagerar y debo controlarlo porque dios me libre de educarlos en la hipérbole) haciendo malabares para conciliar apartándote de las pantallas y procurando que te interesaras por la alfarería, por el patchwork y por Fray Perico y su borrico. Es tu turno de volver a la acción'. Y sin embargo me gusta que me quieran y que sean dependientes porque en dos años preferirán ir a jugar al parque de al lado con Paco y Pepa y ya no seremos más que sus compañeros de piso carrozas que toman decisiones infundadas y arbitrarias en detrimento de su libertad individual. Empecé a escribir esta columna dominical hace casi seis años, sin faltar ni uno solo de ellos. Desde entonces las primaveras sucedieron a los inviernos y los otoños a los veranos. Y la ropa se les iba quedando pequeña y el pelo había que cortarlo de tanto en tanto y pasamos unos cuantos sofocos, pero, hey, aquí estamos de una pieza, velando por sus personalidades cada vez más robustas, sus miedos cada vez más concretos y sus vicios cada vez más visibles. Una de ellas trataba sobre dejarlos en la puerta del colegio y confiar nuestra mercancia más delicada a unos docentes que previamente no conocíamos de nada por una convención social absolutamente irracional.
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