Busco la definición del término «yoísmo» pero, dado que es un neologismo moderno, todavía no tiene entrada en los diccionarios clásicos catalanes o castellanos, si bien en el Diccionario de Americanismos se encuentra el «yoyoísmo», una palabra que se usa en Chile para definir «la afición desmesurada a hablar de uno mismo y pensar que todo gira a su alrededor». En el ámbito de la sociología, el «yoísmo» se describe como «un comportamiento donde la máxima prioridad del individuo son sus propios deseos, su autosatisfacción y su bienestar inmediato, dejando de lado el compromiso social o los vínculos comunitarios». Es decir, busco la definición del término «yoísmo» y... me encuentro con Pedro Sánchez.
El último ejemplo de este narcisismo político lo ha dado en la entrevista que le ha hecho Aimar Bretos en la SER donde, como es habitual en el personaje, se ha mostrado como el garante de España, el salvador del PSOE, el líder internacional del progresismo y el ariete contra la oleada represiva. Ni una sola mácula, ningún error estratégico, ninguna miseria en la mochila, todo limpio y pulido, y él transmutado en un Hércules heroico que se enfrenta a las fuerzas del mal que, en su cosmogonía, acostumbra a ser Estados Unidos e Israel, con un poco de Rusia. A partir del momento en que todo lo que le pasa en España es por culpa de los maléficos agentes exteriores y de la fachosfera organizada, desaparece su incapacidad para mantener mayorías parlamentarias, su imposibilidad de aprobar presupuestos, su responsabilidad al tener una red corrupta a su alrededor o, directamente, su flagrante incompetencia al contener la crisis ceutí.
Sin autocrítica, y con el escenario de una conspiración «judeomasónicafacha» a la contra, Sánchez se presenta como la única salvación para la izquierda en particular y para España en general. Por eso asegura que agotará la legislatura (a pesar de estar en proceso de degradación), y por eso mismo considera necesario presentarse él a las elecciones, dando por sentado que fuera de su liderazgo la tierra socialista es baldía. A partir de ahora esta será la letanía que repetirá él mismo, sus ministros y todos los altavoces mediáticos: no hay errores propios, sino embestidas de las hordas fachas, comandadas por agentes extranjeros. Sánchez, el héroe del progresismo, el resistente contra los poderes geopolíticos, el hombre que salvará a España de caer en la más absoluta oscuridad.
Pero, todo este sermón épico que lo convierte en un héroe de la resistencia, ¿qué tiene que ver con los errores de su acción política? ¿Es culpa de Vox que todos sus amigos del Peugeot glorioso estén bajo sospecha -y/o condena- judicial? ¿El PP es el responsable de los permanentes incumplimientos de Sánchez hacia sus aliados de investidura, y de la pérdida de la mayoría parlamentaria? ¿La fachosfera es culpable del enorme escándalo de Zapatero, joyas incluidas? ¿Trump es el culpable de las derrotas electorales socialistas en las diferentes autonomías donde ha habido elecciones? ¿Musk es el inventor de las oscuras aventuras de Leire? ¿Israel es responsable de la pésima gestión de su gobierno en la crisis ceutí? ¿De no haber sido capaz de dar una imagen de control, de abandonar a la gente ceutí hasta la desesperación, de haber hecho que explote el conflicto mientras él se mantenía de vacaciones eternas? Y todos ellos, ¿tienen la culpa de la pésima política exterior de Sánchez, que incluye felicitaciones de Irán y Hamás, enfrentamiento con Estados Unidos y genuflexión al reyezuelo marroquí? Dicho de otro modo, ¿el mundo mundial tiene la culpa de las miserias que acumula su mandato?
Es un hecho, avalado por su biografía, que Sánchez siempre ha defendido sus intereses por encima del resto, y el resto incluye su partido y sus aliados. Incluso sus amigos, a los cuales parece que no conoce cuando quedan bajo la diana. Es lo que tiene el «yoísmo», que solo practica las relaciones líquidas. De hecho, se cree un Mesías cuando, en realidad, solo es un político incapaz de asumir los errores que comete. Debe de ser por esta autoestima estratosférica que considera normal presentarse como un Jean Moulin de la resistencia enfrente de los enemigos del progresismo, cuando, en realidad, es el responsable del naufragio del barco.
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