Es casi imposible mejorar las sensaciones del Barça de Flick en este inicio de temporada. El "no fichaje" de Julián Álvarez ha tenido, curiosamente, un efecto catártico y ha dado la clave del camino natural que debía seguir esta extraordinaria plantilla. Tantas teorías que hemos elaborado entre todos sobre quién debía ser el sustituto de Lewandowski, tantas horas de tertulias soñando con los fichajes imposibles de Haaland, Kane o el propio Julián, tantos artículos sobre la necesidad de tener una referencia arriba, y resulta que el tándem Flick-Deco, haciendo de la necesidad virtud una vez más, ha llegado a la sabia conclusión de que la única receta para sustituir el "gatillazo" de Julián era sencillamente no fichar a nadie, o al menos a nadie estructural, teniendo en cuenta que Gabriel Jesús, si es que juega de nueve, previsiblemente no pasará de ser un mero recurso.
De todas las decisiones que se han tomado en la era Laporta, quizás sea esta la más genuinamente cruyffista, porque conlleva que la solución del gol sea necesariamente coral. Nada se parece más al Barça de Cruyff anterior a Romário —el de las tres primeras ligas, que además conquistó una Champions— que este tercer Barça de Flick, que al igual que aquel juega sin ninguna referencia arriba, con cualquier jugador dispuesto a llegar a la posición de "9" desde atrás y sin necesidad de ocupar el espacio previamente.
Se dice estos días que no hacía falta un nueve porque el nueve es Raphinha, pero ni siquiera esto es exactamente cierto, puesto que Lamine también está haciendo de nueve, igual que Fermín, y quién sabe si terminará haciéndolo Gordon. La cuestión es que no hay nueve sencillamente porque todos son nueve, o pueden serlo, o simplemente pueden habilitar a sus compañeros para transformarse en delanteros. Por eso las estadísticas muestran un dato demoledor: tras cuatro jornadas de Liga, el Barça tiene a tres jugadores entre los cinco máximos goleadores del campeonato.
Y no es solo cuestión de números. Este arranque de la tercera temporada de Flick es, sin duda, donde hemos visto mayor dinamismo, generación de ocasiones y velocidad en el juego. Quitar un nueve puro como Lewandowski ha sido casi como quitar un tapón: el equipo está en un espectacular estado de gracia, a años luz de sus presuntos competidores, y enviando señales de que, esta vez sí, está a punto de dar el salto definitivo a la élite europea y optar de verdad a ganar la Champions.
Julián, nos sabe mal decirlo, pero... ¡qué bueno que no viniste!
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