El interés del Estado está por encima del de los partidos, aunque no de los ciudadanos. Por ahí va el sentido de Estado en democracia. En Ceuta la prioridad absoluta sigue siendo la salida de la ciudad autónoma de los invasores, operación lenta y compleja que exige -aparte de la cooperación de Marruecos- una autoridad firme del Gobierno. Ahora bien, esta requiere reparar el cableado de los aparatos del Estado, restaurando a toda prisa la línea de mando, lo que empieza por aclarar si llegó o no arriba información suficiente (CNI, Policía) y si hubo o no negligencia al valorarla. Otra operación compleja. Y, en fin, el clamor en la calle de muchos ciudadanos, hace días, revela un hartazgo que apremia a darles voz en las urnas lo antes posible. Sánchez debe prestar al Estado el difícil servicio, aunque pueda ser el último, de ejecutar las 3 tareas, en bien de todos. Y del suyo propio.
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