El fútbol ha alumbrado páginas brillantes de la literatura. En mi olimpo figuran el cuento El penal más largo del mundo de Osvaldo Soriano, las memorias Fiebre en las gradas de Nick Hornby, o la novela Espècies protegides de Ferran Torrent, títulos a los que se pueden añadir las aportaciones de varios premios Nobel, como Peter Handke (El miedo del portero al penalti), Camilo José Cela (Once cuentos de fútbol) o, por supuesto, las reflexiones de Albert Camus (Lo que le debo al fútbol), que jugaba de portero en Argelia.
Pasolini –que se desempeñaba como extremo izquierdo– creó una gramática del fútbol con la unidad básica del 'podema' (cada tipo de golpe que se da al balón), equivalente al fonema lingüístico, de tal modo que las combinaciones de jugadores y sus movimientos formaban el discurso (los pases eran las palabras). Distinguió entre los futbolistas de prosa (los que practican el catenaccio) y los de poesía, amantes del regate. Cada gol era poesía y, para él, el máximo goleador del campeonato era el mejor poeta del año. Lamine Yamal, pues, debería ganar los Juegos Florales.
Aunque parezca mentira, hay argentinos a los que no les gusta el fútbol, y uno de ellos fue Borges
Aunque parezca mentira, hay argentinos a los que no les gusta el fútbol, y uno de ellos fue Borges, quien pronunció una conferencia sobre la inmortalidad coincidiendo con el debut de su selección en el Mundial de 1978, un Argentina-Hungría que acabó 2 a 1. En toda su vida, solo vio 45 minutos de un partido: le invitaron a un Argentina-Uruguay y, al llegar el descanso, creyó que el partido había terminado y se fue. En el cuento Esse est percipi, escrito con Bioy Casares, vemos un mundo en que ya no se juega a fútbol sino que los partidos son representaciones producidas para los medios, como el pressing-catch actual.
Lee también Kennedy no se bañó en Calonge
Xavi Ayén
Pienso en todo ello al leer El partido del fin de mundo (Libros del KO), que reúne los escritos de fútbol de Juan Villoro. El mexicano recuerda que alguien dijo que, si los partidos fueran perfectos, todos acabarían 0 a 0 y que es el único deporte que no está sometido a una tiranía anatómica pues ha tenido estrellas gorditas, bajitas y hasta de piernas torcidas.
Entre las presiones más fuertes (ríanse de Trump e Infantino), la visita que el dictador Videla y el secretario de Estado Kissinger realizaron al vestuario de la selección peruana antes de que se enfrentara a Argentina en el Mundial de 1978. Los albicelestes necesitaban ganar por cuatro goles para pasar y el resultado final fue de 6-0 a su favor. El periodista David Yallop enumeró posteriormente los donativos de Argentina a Perú: 35.000 toneladas de grano, el descongelamiento de una línea de crédito de 50 millones de dólares y sobornos menores a funcionarios y al menos tres futbolistas.
(0)Comments