Doce cuentos de posguerra (Graham Swift, Anagrama, 2026)
No es este un libro que se postule como antibélico; tampoco encontrará el lector aquí un manifiesto o alegato contra el afán del ser humano por destrozarse, algo que siempre nos pervivirá a todos y en todos los continentes, sin límites ni distinciones. Se comprobó en ese embrutecido siglo XX, que pensabamos insuperable hasta que vemos como su sucesor lleva ya dos décadas intentando rebasarlo por todos los medios, ideando rivalidades, provocando dolores, contando mentiras día a día para exhortar al conflicto.
Graham Swift, de larga y consolidada trayectoria, podría haber escogido, como hacen otros autores de cuentos –no empleemos el término cuentista, nuestros políticos y sus correveidiles lo han degradado, quede para ellos-– uno de los relatos para titular el volumen. No lo ha hecho y lo damos por bueno porque la posguerra, cualquier posguerra, (algo sabemos por lo que cuentan nuestros mayores que todavía viven y la vivieron en este país, con mayor o menor sufrimiento) une, por edad o geografía, a los protagonistas de estos relatos.
Literariamente, además, si hay algo que los une es la capacidad y el don del autor para convertir asuntos que podrían parecer grandilocuentes en historias corrientes que convocan a los lectores porque en ellas encontrarán el reflejo de su vida y sus cosas,
El relato que abre el libro, "La segunda mejor opción", protagonizado por militares cuyas trayectorias y vidas personales han sido atravesadas por la II Guerra Mundial, es una declaración de las intenciones de Swift. El protagonista, un antiguo oficial nazi asume que las cadenas de causa y efecto de la casualidad marcan su vida. Lo comprueba al hacerse cargo de resolver la situación de un joven soldado inglés, de origen judío, destinado y desubicado en una Alemania en reconstrucción.
Los asuntos de la memoria marcan varios de los relatos siguientes. En "Sonrojo" y en "Chocolate" la enfermedad y el tiempo la atraviesan sin límites, adulterando historias mil veces narradas, llevándolas a campo propio desde donde defenderlas a costa de mentir, batallitas de los abuelos en las que refugiarse de la tristeza.
En "Belleza" alcanza Swift sus páginas más descarnadas y brillantes. Es el más emocionante y conmovedor de los doce relatos, merecedor de una reseña propia e individual, sin cortapisas. Hay en él una vida que ya enfila el camino final pero que se resiste a quedarse sin explicaciones y a nuevas motivaciones. Aquí, el señor Phillips necesita conocer la habitación donde su nieta se suicidó a poco de iniciar su vida universitaria. El hecho de ir allí, a ese lugar todavía cerrado por una institución sobresaltada y conmovida, le puede servir para aclarar lo incomprensible, aunque solo le comprenda la joven y bella decana de la Universidad, compañera en el descubrimiento del paisaje del duelo y con la cual se imagina un amor delicado, escapatoria que coger para desviarse de la inexorable ruta marcada.
Todos los relatos son historias mayúsculas de la cotidianeidad. Historias grandes de gente normal, pequeña. Swift nos sumerge en problemas y situaciones que enseguida haremos nuestras porque nos resultarán familiares. "Zoo", por ejemplo, nos relata la historia universal desde Pearl Harbour hasta los atentados del 11-S en Nueva York a través de los ojos de una asistenta filipina en Inglaterra. Algo que Swift aprovecha, con prodigiosa técnica, para hablar del clasismo, la xenofobia y la falsa aceptación que el otro, el diferente, sigue teniendo entre nuestras sociedades occidentales.
"Fuegos artificiales" es otro hito en un libro que está lleno de ellos. Aquí, la observación psicológica de la resignación de un antiguo combatiente del ejército norteamericano, –crítico incluso con las maneras actuales de hacer las guerras, añorante de las incursiones de los aviones de combate que pilotaba–, molesto por un paso del tiempo que pretende negar al ponerse su cazadora de aviador cuando las fiestas de su localidad anuncian el verano, es magnífica. Lo podemos situar a la altura de la ya mencionada "Belleza", buena prueba ambas del talento del autor por conmover y emocionar al narrar el acatamiento y la conformidad.
En 12 cuentos de posguerra Swift toca todos los palos temáticos, también el racismo, especialmente en "Negro", en la que habla de personas valientes que admiten su deseo por otras personas de color de piel diferente, una provocación para gran parte de la sociedad en los 60. Y deja para el final otra joya, "Pasaporte", con connotaciones en nuestra guerra civil, en la que vuelve a insistir en la memoria, de manera concreta en el drama que supone que ese almacén de recuerdos se vacíe de ellos por la enfermedad.
Les recomiendo que lean a Swift y sus historias. Si no pueden con sus recuerdos, si los han perdido o, por las razones que sean, no los quieren convocar, aprovechen los de los protagonistas de este libro. No se demoren. Ahora que cambiamos la molicie de la playa por la dureza del asfalto es buen momento para que los hagan suyos.
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