El 19 de julio de 1979, la revolución sandinista encabezada por Daniel Ortega ponía fin a los más de 40 años de dictadura de la dinastía Somoza y abría el camino a la democracia en Nicaragua. El 19 de julio pasado, exactamente 47 años después, el mismo Daniel Ortega le daba el golpe de gracia a esa democracia que había contribuido a instaurar: ese día anunció, en un polémico discurso: 'Aquí no volverá a haber elecciones…Jamás, jamás, jamás. No volverá a haber elecciones para que ellos (la oposición) intenten atrapar el gobierno, atrapar el poder'.
La Historia suele tener estas ironías. La deriva autoritaria del ex líder guerrillero empezó hace ya mucho tiempo. Buena parte de los que lucharon junto a él para echar a Anastasio Somoza del gobierno fueron después perseguidos, encarcelados o desterrados de su propia patria por el revolucionario devenido dictador.
La lista de nombres es inabarcable: desde su propio hermano, Humberto Ortega, que murió en virtual arresto declarado 'traidor a la patria'; pasando por el poeta Ernesto Cardenal, perseguido hasta su muerte con saña feroz por Murillo, hasta el ex vicepresidente y escritor Sergio Ramírez, exilado en Madrid y despojado de su nacionalidad nicaragüense, o la multipremiada poeta y novelista Gioconda Belli, quien acusó a Ortega de 'traicionar el sueño nicaragüense'.
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