Saludos a quienes estén ahí, al otro lado. Y gracias por dedicar tiempo a esta newsletter.
El periodismo tiene días que reconforta. Esta semana he tenido la oportunidad de participar en un diálogo con cinco directores de colegios e institutos públicos valencianos. Lo primero que queda claro a los pocos minutos de estar sentado a su lado es su compromiso con la enseñanza: algunos han estado al pie del cañón en agosto para intentar que sus centros estén hoy, en el inicio de curso, en las mejores condiciones. Estas, es lo segundo que queda claro, están lejos de ser las necesarias en tiempos de calentamiento global y digitalización, pero no será por falta de desvelos. Burocracia excesiva, falta constante de personal (incluso al empezar las clases), instalaciones desfasadas, ratios de alumnos muy elevadas y ausencia de la interlocución necesaria en la Conselleria de Educación son los problemas que van surgiendo durante la conversación y que explican el malestar colectivo que se expresó en la movilización y huelga indefinida con que acabó el curso pasado. La reivindicación salarial está, pero aparece como secundaria al lado de los problemas enumerados. De la conversación también queda claro que nada ha cambiado en estos meses de estío y que permanece la misma duda razonable con la que se llegó a las manifestaciones y los paros: ¿es considerada importante la educación pública por los gobernantes? La respuesta no se contesta solo con cifras en los presupuestos de cada ejercicio.
Permitan una coda particular (o corporativista, si se quiere): Jorge, el director del IES de Utiel arrasado por la dana, comenta al acabar que visitó estas instalaciones de Levante-EMV de niño, en las visitas habituales de colegios. Ahora acude como responsable de un centro y uno no puede evitar cierto orgullo por el papel del diario como acompañante de los lectores a lo largo de una vida.
Insultos como herramienta de visibilidad: mal síntoma
Hablo, claro, de los comentarios nada edificantes vertidos por Vicent Mompó sobre Diana Morant. Opto por no reproducirlos. Lo peor de todo es que no son una excepción. Parecen asentarse como herramienta de visibilidad, hecho en el que todos, también los medios de comunicación, deberíamos reflexionar. La misma Morant comparó a Feijóo con Hitler hace unas semanas. Y Óscar Puente está habituado a dar y recibir con palabras gruesas. Es el lenguaje que multiplica visualizaciones en las redes sociales.
Doy por hecho que Vicent Mompó intenta ser visto en Madrid y ganarse a alguien en Génova en esa carrera incomprensible a estas alturas de partido por ser el caballo ganador en la lista del PP. Lo preocupante es que la política haya asimilado que el trazo grueso, desconsiderado e insultante hacia el adversario es lo que triunfa en los centros donde se decide la política española. Lo preocupante también es que los políticos valencianos estén tan atentos constantemente a los oráculos de Madrid. Mi duda es es si este estilo denota que el dirigente popular valenciano se está quedando detrás en esa singular carrera y quiere llamar la atención de alguien.
Sail GP: demasiados recuerdos y no todos buenos
Rodrigo Terrasa empezaba su libro 'La ciudad de la euforia' sobre la València del despilfarro, la corrupción (y los grandes eventos) con aquella fiesta exclusiva de Prada en el Mercat Central. Eran los tiempos de las terrazas VIP para la Copa del América y la Fórmula 1, aquellos de la alcaldesa y el presidente eufóricos saludando desde un ferrari descapotable. Ya saben cómo acabó la fiesta. Justo ahora, como si la Historia fuera aficionada a las ironías, se ha cerrado la instrucción de uno de los últimos casos de corrupción (Azud) y la jueza concluye que la alcaldesa de entonces, Rita Barberá, estaba al tanto de las tramas en las que participaban activamente, eso dice el auto de conclusión de la macrocausa, el cuñado de la dirigente y el vicealcalde. Lo cuento porque no puedo quitarme todas esas imágenes al ver ahora la nueva ola de la vela en la ciudad, con la SailGP en la Marina y la alcaldesa de hoy fotografiándose con estrellas de Hollywood. Ojalá se haya aprendido.
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