Con la cadena nacional en la que Javier Milei anunció que sancionará a empresas que operen en la exploración y extracción de petróleo en las islas Malvinas sin autorización argentina, el Gobierno recuperó capacidad para instalar una agenda propia en la opinión pública después de meses en los que estuvo a la defensiva, haciendo frente a cuestionamientos a la política económica. Sin embargo, la conversación digital se centró en la percepción sobre un uso oportunista de una causa nacional y acerca de contradicciones con anteriores declaraciones del actual presidente de la Nación sobre el mismo tema.
Distintos analistas de opinión pública coinciden en que Milei solo podrá capitalizar electoralmente el sentimiento pro Malvinas si la sociedad percibe avances concretos y no simplemente declaraciones o decretos de necesidad y urgencia. Los anuncios presidenciales, que abarcan también la construcción de una base naval en Tierra del Fuego y la intención de profundizar una alianza estratégica con Estados Unidos con eje en el Atlántico Sur, son apenas el inicio de una etapa. El desafío es que todos estos instrumentos sirvan, en algún momento, para persuadir al Reino Unido de abrir negociaciones sobre la soberanía del archipiélago austral.
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