La presentación del Paquete Económico 2027 será mucho más que un ejercicio de ingresos, egresos y estimaciones macroeconómicas. Será una de las primeras oportunidades para saber si el gobierno está dispuesto a enfrentar una realidad que ya no admite demasiados aplazamientos: México necesita ordenar sus finanzas públicas sin apagar los motores de su crecimiento.
El dilema no es sencillo. Reducir el déficit y contener el endeudamiento son objetivos necesarios, pero hacerlo mediante recortes indiscriminados podría terminar debilitando precisamente aquellas capacidades del Estado que el país necesita para crecer. La discusión, por tanto, no debería reducirse a cuánto gastar, sino a cómo y en qué gastar.
Coparmex lo resume en una frase particularmente acertada: 'No se trata de gastar más; se trata de gastar mejor.'
El organismo empresarial ha planteado que el Paquete Económico 2027 debe construir una ruta creíble para reducir el déficit, contener el endeudamiento y recuperar espacio fiscal, pero sin sacrificar la inversión productiva.
Ese debería ser el punto de partida.
El presupuesto también construye confianza
Durante demasiado tiempo hemos visto el presupuesto como un enorme ejercicio contable. Pero el presupuesto de una nación es, en realidad, una declaración de prioridades.
Nos dice qué problemas considera urgentes un gobierno, dónde pretende concentrar sus capacidades y, sobre todo, cuál es su visión del país que quiere construir.
Por eso el Paquete Económico 2027 deberá ser leído también como una señal para inversionistas, empresarios y mercados.
México necesita recuperar confianza.
Y la confianza económica no se construye con discursos. Se construye con estabilidad, certidumbre jurídica, infraestructura, energía suficiente, seguridad, capital humano y finanzas públicas sostenibles.
El comunicado de Coparmex señala seis áreas que deberían ocupar un lugar prioritario: seguridad, salud, educación, energía, agua e infraestructura. Son precisamente sectores cuya capacidad puede determinar si México logra aprovechar las oportunidades de inversión de los próximos años o continúa acumulando cuellos de botella.
No son simplemente partidas presupuestales. Son condiciones básicas de competitividad.
Una empresa difícilmente invertirá donde no puede garantizar la seguridad de sus trabajadores o mercancías. Una planta industrial no puede operar sin energía suficiente. Una región no puede desarrollarse sin agua. Las cadenas productivas requieren carreteras, puertos, ferrocarriles, telecomunicaciones e infraestructura digital.
Y ningún país puede elevar sostenidamente su productividad sin educación y salud.
El gasto público debe dejar de ser automático
Hay otra discusión que México ha postergado demasiado: la calidad del gasto.
Cada programa público, cada institución y cada proyecto deberían poder responder preguntas elementales: ¿qué resultados genera?, ¿cuánto cuesta?, ¿qué beneficio económico o social produce?, ¿existe duplicidad con otros programas?
Coparmex propone eliminar erogaciones de bajo impacto, evitar duplicidades y fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas.
No debería ser una posición polémica. Debería ser una regla elemental de administración pública.
En un escenario de restricciones fiscales, mantener programas simplemente porque siempre han existido significa quitar recursos a otras prioridades.
La austeridad inteligente no consiste en recortar parejo. Consiste en distinguir entre gasto improductivo e inversión estratégica.
Pemex y CFE también deben rendir cuentas
La discusión inevitablemente alcanza a las Empresas Públicas del Estado.
Pemex y CFE son estratégicas para México. Precisamente por eso necesitan ser financieramente sostenibles.
No puede convertirse en política permanente destinar recursos públicos para atender sus necesidades financieras sin exigir simultáneamente planes verificables de saneamiento, eficiencia operativa, transparencia y rendición de cuentas.
Coparmex advierte que los recursos destinados a estas empresas deben responder a objetivos verificables y evitar que sus requerimientos financieros terminen reduciendo el margen disponible para atender otras prioridades nacionales.
La discusión no debería plantearse como una confrontación entre Estado y mercado. El verdadero debate es mucho más sencillo: qué obtiene México a cambio de cada peso público invertido.
No más impuestos a los mismos de siempre
Existe además otro mensaje relevante en el posicionamiento empresarial: mantener el compromiso de no crear nuevos impuestos.
La necesidad de fortalecer los ingresos públicos es evidente. Pero antes de aumentar las cargas sobre quienes ya contribuyen debería mejorarse la eficiencia recaudatoria, combatir con mayor eficacia la evasión y ampliar la base de contribuyentes. Esa es precisamente la ruta planteada por COPARMEX.
México necesita recaudar mejor, pero también necesita ampliar la formalidad.
Cargar nuevamente sobre las empresas y trabajadores que ya cumplen puede resultar relativamente sencillo desde el punto de vista administrativo, pero no necesariamente es la solución más conveniente para una economía que necesita inversión, crecimiento y generación de empleo formal.
La deuda no es mala; importa para qué se utiliza
Algo similar ocurre con el endeudamiento.
La deuda pública no debe satanizarse. Puede ser una herramienta legítima para financiar infraestructura y proyectos capaces de generar rentabilidad económica o social.
El problema aparece cuando el endeudamiento se utiliza sistemáticamente para financiar gasto corriente.
La diferencia es fundamental.
Endeudarse para construir infraestructura que eleve la productividad puede ampliar las capacidades futuras del país. Endeudarse para financiar obligaciones permanentes simplemente traslada la factura a las siguientes generaciones.
Coparmex plantea que cualquier recurso adicional comprometido mediante deuda debe tener un propósito definido, resultados medibles y beneficios duraderos, sin poner en riesgo la estabilidad económica.
El verdadero objetivo debe ser volver a crecer
Pero quizá lo más importante es no perder de vista el propósito final.
El equilibrio fiscal no puede convertirse en un objetivo aislado. México necesita finanzas públicas responsables para generar crecimiento, no simplemente para presentar mejores indicadores contables.
Necesitamos inversión.
Necesitamos empresas que amplíen operaciones.
Necesitamos nuevos proyectos industriales.
Necesitamos PyMEs integrándose a cadenas productivas.
Y necesitamos millones de empleos formales mejor remunerados.
El presidente nacional de Coparmex, Juan José Sierra Álvarez, ha planteado que el Paquete Económico 2027 debe marcar un cambio de rumbo: reducir el déficit y contener el endeudamiento sin sacrificar la inversión productiva ni las prioridades estratégicas del país.
Ahí está la discusión de fondo.
México tiene una oportunidad extraordinaria derivada de su posición geográfica, su integración económica con América del Norte, su capacidad manufacturera y la reorganización mundial de las cadenas productivas.
Pero las oportunidades económicas no son eternas.
Otros países también compiten por inversión, fábricas, tecnología y empleos.
Por eso el Paquete Económico 2027 debería convertirse en algo más ambicioso que una negociación presupuestal entre Hacienda y el Congreso.
Debería convertirse en una estrategia nacional para recuperar confianza, inversión y crecimiento.
La ecuación no es imposible.
Disciplina fiscal, sí.
Menor déficit, sí.
Endeudamiento responsable, sí.
Pero también seguridad, salud, educación, energía, agua e infraestructura.
Y, sobre todo, evaluación rigurosa del gasto público.
Porque cuando los recursos son limitados, gobernar también significa saber escoger.
México no necesita simplemente un presupuesto más grande.
Necesita un presupuesto mejor.
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