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Albert Sáez

¿Tiene un plan Trump para Ceuta y Melilla?

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Dejó dicho Ignacio Ramonet que «ver no es entender». A propósito de la hegemonía de la televisión en el periodismo en los años 90 del siglo pasado, el entonces director de Le Monde Diplomatique describió lo que llamó el «síndrome de Fabrizio» inspirado en el protagonista de La cartuja de Parma que recorrió los escenarios de la batalla de Waterloo y solo entendió dónde había estado semanas después al regresar del campo de batalla y leer los periódicos de la época. Las redes, e incluso la IA, han acentuado este síndrome: recibimos cientos de impactos visuales que no siempre entendemos, porque nos falta conocimiento o tiempo para adquirirlo. Hemos visto decenas de fotogramas de la avalancha de 70.000 personas que desbordaron la frontera de la UE en Ceuta. Y manejamos múltiples versiones de lo que significan. Ver no es entender porque una imagen no vale más que mil palabras. Al contrario, una imagen tiene mil palabras posibles. En este caso, desde «crisis migratoria» hasta «invasión híbrida». ¿Por qué titubea el Gobierno? En casos como el de Ceuta, el único modo de desambiguar las imágenes que circulan es acudiendo a las fuentes oficiales. Y en este caso están aportando más ruido que información. La versión oficial ha ido evolucionando en este mes. Primero fue una operación orquestada por las mafias de la inmigración a través de las redes sociales sobre la base de la famosa sentencia del Supremo; después fue una operación consentida por el régimen marroquí; más tarde una conspiración de Rusia e Israel; pero ahora resulta que hay fuentes oficiales, empezando por la Policía, la Guardia Civil y el CNI, que no descartan, más bien avalan, la hipótesis de una operación de asedio al enclave europeo (en tanto que español) por parte de Marruecos. Nada puede ser más desconcertante para los ciudadanos que la falta de credibilidad de las fuentes oficiales, porque hace que los bulos sean competitivos. Y en este caso, constatamos que las fuentes oficiales son más reacias a responsabilizar a Marruecos cuanto más cerca están de Pedro Sánchez. Circunstancia que alimenta la amenaza del potaje madrileño de llevar al presidente ante los tribunales por «alta traición». Lo cierto es que lo quieren en el banquillo, no importa el motivo. Solo ha faltado que haya sido una juez la que haya desmontado el relato de la crisis migratoria para que la polarización se haya puesto en plena ebullición, también por Ceuta. Apariencia de estado fallido El resultado de todo este despropósito es que España se ha comportado en algunos episodios de esta crisis como un estado fallido, lo cual no hace más que envalentonar a Marruecos, tenga o no tenga atrapado a Sánchez por algo que no sabemos. No se anticipó la avalancha, no se pudo contener sobre el terreno, la devolución la ha organizado más Rabat que Madrid, el Gobierno no logra que la ciudad recupere la normalidad, no hay una posición firme de la Unión Europea y los jueces llevan la iniciativa en la investigación frente a unos políticos más preocupados por ver cómo les beneficia o les perjudica el asunto que por arreglarles los problemas a los ceutís. No hace falta ser un populista de extrema derecha para darse cuenta de que las respuestas no han estado a la altura del desafío con la única excepción de Felipe VI. La dimensión geopolítica Cuando no entendemos, periodistas y políticos aplicamos los estereotipos para explicar lo que pasa. La polarización nos condena a debates gallináceos y casi todo lo que se ha dicho en esta crisis se ha enmarcado más en la Marcha Verde de 1975 en plena guerra fría que en la geopolítica de Ormuz y el Ártico. Si elevamos la mirada, en el puzzle de Ceuta entran piezas diferentes. Si Marruecos se atreve a consentir, alentar u organizar una avalancha como esta, es porque se puede sentir avalado. ¿Por quién? El reino alauíta se incorporó a los Acuerdos de Abraham en el primer mandato de Donald Trump, una apuesta por sacudir el tablero del petróleo a partir del pacto entre musulmanes sunitas e Israel. De aquello, Marruecos arrancó el cambio de posición de Estados Unidos sobre el Sáhara que España y la UE no han tenido otra que acatar. Esta semana, Trump ha insinuado que podría cambiar de posición sobre las Malvinas, enclave británico en la órbita argentina frente al Antártico. Sabemos por Ormuz y Groenlandia de la obsesión del equipo de Trump por dominar los estrechos que pueden condicionar el comercio del futuro. ¿Acaso no preferirían a Marruecos de vigía único del Estrecho de Gibraltar y no a países como España y Gran Bretaña dominados por el woke?
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