El líder del PP, Alberto Núñez Feijoo, en su escaño en el Congreso Chema Moya | EFE 07 sep 2026 . Actualizado a las 08:25 h.
La cuestión es: ¿organizó, alentó o simplemente consintió Marruecos la entrada de 80.000 personas en Ceuta? Es evidente que tal avalancha humana no llega por generación espontánea ni pasa inadvertida a los servicios de seguridad de una férrea dictadura como la marroquí. Además, los llamamientos en las redes sociales a cruzar la frontera a nado, tras la sentencia del Tribunal Supremo, eran un indicio de lo que se preparaba. Aunque ningún informe de inteligencia español preveía esa magnitud. Sánchez sostiene que no hay pruebas que impliquen directamente a Marruecos. Por tanto, prudencia. Hay que salvaguardar, por encima de todo, la relación con el país que tiene la llave de la migración y la lucha antiyihadista. Se ha quedado solo. Ni sus socios, ni Robles, ni mucho menos la derecha y la ultraderecha le creen. Todos apuntan a Rabat. Feijoo acusa al régimen marroquí de orquestar la operación. También Abascal. Han detectado que Ceuta puede ser la tumba política de Sánchez, que ha gestionado muy mal la crisis, y les renta más enemistarse con Mohamed VI que dejar pasar la oportunidad de darle el golpe de gracia. ¿Pero qué consecuencias puede tener culpar a Marruecos de llevar a cabo un «posible acto de guerra híbrida» contra España, como ha hecho Feijoo? Son acusaciones muy graves. Al tiempo, aboga por mantener «una relación bilateral estable y constructiva» con nuestro vecino. ¿Con quien, en su opinión, nos ha atacado? ¿Qué medidas cree que deberían adoptarse ante una agresión de un Estado a nuestra integridad territorial? ¿Una respuesta bélica, repeler por la fuerza la entrada de decenas de miles de personas, romper relaciones diplomáticas, replantearlas? ¿Qué haría si es presidente?
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