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Adam Casals

¿Se puede salvar la ONU?

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El verano de 2026 servirá para que Europa se plantee la instalación masiva de sistemas de climatización, junto a una reducción de las emisiones de CO2, con un ingente coste en energía. Desde los Alpes, la Sociedad para la Prevención de Crisis habla de «riesgo de ruptura sistémica». Respecto a la incertidumbre alrededor del estrecho de Ormuz, Herbert Saurugg anticipa un incremento en el «deterioro de la situación». Cinco décadas después de los «domingos libres de coches» en Alemania, el mundo ha incrementado su dependencia respecto a los combustibles fósiles. En abril, los autores alertaban que, si bien «un colapso sistémico global» es un escenario hipotético, «podría convertirse en realidad a medida que nos acercamos a un punto de inflexión». El pasado 23 de julio tuvo lugar en Nueva York un debate televisado en la sede de Naciones Unidas, entre los candidatos a próximo secretario general. En Foreign Affairs, uno de ellos y actual líder de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA), Rafael Mariano Grossi, animaba a acabar con la «parálisis» y salvar al organismo de la «irrelevancia». El historiador Thant Myint-U escribió en su día acerca de la «diplomacia tranquila» de su abuelo, U Thant, y su contribución como secretario general en la búsqueda de soluciones a la crisis de los misiles de Cuba, en los 60. Dos décadas más tarde, el peruano Javier Pérez de Cuéllar «facilitaba soluciones diplomáticas para los conflictos en Camboya y Centroamérica». En la visión de Grossi, un secretario general puede construir rampas de salida desde las que «beligerantes exhaustos» puedan cesar un conflicto y «establecer condiciones que ayuden a prevenir crisis futuras». La guerra en Ucrania ha sobrepasado ya en duración a la I Guerra Mundial. En septiembre de 2022, ante el riesgo de ataque a las centrales nucleares ucranianas en el frente, Grossi tuvo el coraje de establecer un equipo de inspectores nucleares de su agencia, civiles voluntarios que de forma rotatoria han tenido presencia permanente en complejos como el de Zaporiyia, el más grande de Europa. Expertos consultados destacan lo decisivo de dicha medida preventiva. En 2026, las inspecciones de la IAEA han estado presentes en las distintas propuestas de acuerdo con Irán. No podemos esperar de la ONU que pueda «prevenir o acabar con cualquier guerra, pero trabajar hacia ese objetivo es una de sus tareas esenciales», afirma el diplomático argentino. Y esa es la clave: «No estar en el lugar donde suceden las cosas genera desilusión y encamina a la ONU hacia la irrelevancia. Las instituciones que no pueden explicar su valor añadido se vuelven vulnerables a la indiferencia, y la indiferencia en el clima actual no es una condición pasiva, sino que está erosionando activamente las finanzas y la voluntad política de la ONU. Atraviesa una crisis de liquidez que, en esencia, es una crisis de confianza de sus estados miembros en la institución». Desde Viena, Grossi quiere volver al espíritu fundacional de la ONU -sumidos en el impacto de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el holocausto y la fuerza destructiva de las armas atómicas- cuando consiguieron crear un marco en el que ejercer la política «de un modo que evite las catástrofes». «No nos une el amor sino el espanto», dijo el también argentino Jorge Luis Borges, y Grossi lo aplica a los estados, que a pesar de intereses divergentes, «saben» que la «proliferación de armas nucleares, las pandemias, el pánico financiero o la disrupción tecnológica pueden dañar a todos». Es preciso afrontar la excesiva expansión de los mandatos, la duplicidad de agencias y procesos, el exceso de ciclos de reporte, la falta de logros. Grossi aboga por una ONU «más efectiva» y «realista», que se aleje de utopías y se concentre en lo esencial: reunir a las partes que no se encontrarían de otro modo, favorecer el diálogo cuando se ha perdido la confianza, ser una voz para los estados más expuestos a los riesgos globales, ayudarles a resolverlos. El mandatario argentino quiere utilizar la autoridad que le prestaría el cargo para fomentar la diplomacia, con responsabilidad y coraje. Y eso se demuestra con la «presencia, en los frentes de guerra, en las regiones necesitadas, dónde llame la misión».
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