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Germà Ventayol

La mentira por divisa

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El cúmulo de mentiras y medias verdades que propaló el Gobierno que presidía José María Aznar aquel fatídico 11 de marzo de 2004 fue determinante en la derrota en las urnas que obtuvo el PP pocos días después, en pocas horas se evidenció el interés electoralista de la versión oficial de los atentados para atribuirlos a ETA y no a una célula yihadista. Ahora, el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, repite la estrategia a cuenta del asalto de la frontera de Ceuta por parte de –según él– 70.000 inmigrantes ilegales procedentes de Marruecos. Poco le importan los informes policiales, las fotografías y vídeos de la colaboración de la policía marroquí, las advertencias del CNI y del propio presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas. Desde el mismo día de la violación de la «integridad territorial» de España, que así calificó lo ocurrido el 30 de julio, Sánchez y sus ministros han ofrecido explicaciones contradictorias con respecto a la realidad hasta el punto de pisotear la dignidad del país con tal de no contrariar al sátrapa Mohamed VI. La desfachatez de Sánchez no tiene límite. Critica la ausencia de Felipe VI en Ceuta cuando él es el único que puede autorizarla –la deslealtad institucional es de libro–, asegura haber llamado a consultas a la embajadora de Marruecos y tal encuentro no se había producido, insiste en la ausencia de «indicios sólidos» de la participación del gobierno alauí en el episodio a pesar de las pruebas incontestables que ya se han dado a conocer. Y así hasta el infinito. El rosario de mentiras es interminable, en todas las vertientes sin que haya una explicación convincente que justifique la mansedumbre española frente a la clara agresión de Marruecos. Lean la magnífica entrevista que el pasado viernes publicó en este diario el compañero Juan Torres Blasco con el embajador Jorge Dezcallar, el diplomático que mejor conoce los entresijos del régimen marroquí y sus aviesas intenciones con respecto a Ceuta, Melilla y si me apuran Canarias. El papel de Pedro Sánchez en todo este asunto le convierte en un auténtico guiñapo, en un pelele de Mohamed VI a ojos de la comunidad internacional que ridiculizan sin rubor desde Washington, Moscú y Tel Aviv, y por supuesto desde Rabat con sus ministros reiterando que la ofensiva y acoso sobre las ciudades y territorios españoles no cesarán. Madrid nos mata Fue un recurso muy utilizado durante los años de Gabriel Cañellas en el Consolat de la Mar, el Gobierno central, entonces con Felipe González al frente, como obstáculo al crecimiento político y económico de Balears. La historia se repite. El Gobierno progresista veta la ley que debería permitir a Balears regular el tráfico aéreo en sus aeropuertos; en definitiva, acotar el número de turistas. Fin del debate sobre la saturación y masificación turística, Aena necesita los 500 millones que ingresa del tráfico aéreo en las Islas ... hasta que la vaca deje de dar leche o la gallina de poner huevos. ¿Qué dirá Madò Farta?
La mentira por divisa
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