¿Quién la encarrilará? El encarrilador que la encarrile buen encarrilador será... La izquierda en general, y la socialdemocracia en particular, siempre se caracterizó por ... dar prioridad a los intereses colectivos sobre los individuales. Fue el liberalismo él que planteó esta ecuación a la inversa. Y entonces apareció el movimiento 'woke', caracterizado por dar prioridad a las minorías –feministas, LGTB, inmigrantes, etcétera–, es decir, al individuo sobre la colectividad. Asunto en el que el liberalismo siempre fue por delante; el potencial votante prefiere el original a la copia.
Desde sus orígenes el socialismo dejó claro que una cosa era defender los intereses político-económicos del proletariado y otra, muy distinta, los valores sociales de la burguesía; respecto a los cuales sostenían posiciones más conservadoras que las sostenídas por la revolución cultural progresista: igualdad de sexos, homoexualidad, divorcio, aborto, derechos humanos, inmigración, asilo político y persecución del crimen. En otras palabras, es posible sostener posiciones políticas favorables al cambio de régimen político y, simultáneamente, conformarse con el status quo cultural. Esta distinción se ha perdido con el paso del tiempo, algo por lo que la izquierda está pagando hoy un precio muy elevado.
La actual izquierda progresista parece convencida de la necesidad de emparejar un programa económico popular, con un programa cultural expuesto al rechazo del pueblo. Las razones que aducen son cada vez más difíciles de aceptar; reivindicaciones como recortar el presupuesto de la policía y el no a la guerra le ponen en bandeja la campaña electoral a los conservadores americanos, quienes pasan por alto la reducción de impuestos a los más ricos y se escandalizan con el desprecio a la policía y el ejército, dos instituciones muy respetadas por el común de los ciudadanos.
El caso español es bien conocido por todos, y la oposición a la izquierda en España sabe aprovecharlo convenientemente. Lo mismo puede decirse de la izquierda Europea: la izquierda de Mélenchon es aún más 'woke' que la americana, ambas influidas por el nihilismo nietzscheano de Michel Foucault. Por otro lado, la izquierda inglesa de Corbyn da prioridad al desarme nuclear y la unificación de Irlanda, sobre la socialización de la economía liberal.
El día que un líder político de la izquierda concluya que el emparejamiento de socialismo y revolución cultural es la causa del descarrilamiento del primero, ese día la causa de la izquierda será difícil de parar. Mientras tanto, el capitalismo liberal pensará que la izquierda le hace el juego al defender causas que, objetivamente, lo benefician.
En Estados Unidos, los demócratas socialistas ya han empezado a reconocer que el 'woke 1.0' se les ha ido de las manos; pero proponen implantar el 'woke 2.0'. Dado que en Estados Unidos el bipartidismo es irrompible, la política de la 'Gran Carpa' donde caben todas las tendencias –moderados, progresistas, socialdemócratas–, se está recomponiendo de modo que el partido no sea una jaula de grillos, y que nadie tenga más peso que el de los escaños obtenidos en las elecciones. En Europa, en general, y en España, en particular, las cosas tienen que encarrilarse de otro modo. Dicho modo sería un tercer partido, de centro-centro, dispuesto a actuar de bisagra entre la izquierda y la derecha para limar las asperezas de ambas tendencias.
Las legítimas reivindicaciones del movimiento 'woke', que salió a la luz hace más o menos una década dando prioridad a los derechos de las minorías, tienen su mejor encaje (iba a decir 'natural encaje') en dicho tercer partido; que se llama Liberal en el Reino Unido o Los Verdes en Alemania, y que en España fue la idea original de Ciudadanos que luego se malogró. Este partido permitiría a populares y socialistas centrarse en sus reivindicaciones más genuinas, sin distracciones que desfiguren su imagen y mermen seriamente su credibilidad y eficacia. Por lo demás, ese tercer partido ganaría los votos de muchos votantes independientes.
Lo que claramente no es de recibo es la explosiva mezcla del socialismo político y el progresismo cultural. La prueba es que los sindicalistas británicos y americanos están apoyando medidas anti-inmigrantes en sus respectivos países; y quizá no tarden mucho en hacerlo en el resto de Europa, incluida España.
La izquierda, incapaz de afrontarlo, se refugia en una visión fantasiosa donde cristianos y musulmanes, oriundos e inmigrantes, se hermanan para presentar batalla al neoliberalismo de la derecha. Esta izquierda está rechazando una realidad que la supera, en lugar de plantearse seriamente qué hacer para recuperar su capacidad de llegar al poder y no perderlo a continuación. Mientras se empeñe en mantener el matrimonio mal avenido de política socialista y política identitaria, sus contrincantes le estarán eternamente agradecidos.
(0)Comments