Sánchez
se quedó solo ante el Congreso con su relato casi desenfadado y su visión biempensante sobre nuestro vecino del Sur. Incluso ya va a necesitar los servicios de un animador de público o calientaplatós con un gran cartel de aplausos dada la frialdad ostentosa de su ministra de Defensa, que con gesto híspido y seco desmentía cada palabra y cada dato que salía de sus labios. Si el presidente se empecina en
exculpar a Marruecos
del asalto, no llegará muy lejos y dejará el partido como un solar. Aunque bien es cierto que habrá eliminado a todos los elementos
facistoides
del
PSOE
, que así es como los sanchistas tildan al que piensa diferente. Como no tuvo bastante con desacreditar al
CNI
a los ojos de todos, siendo el hazmerreír de Europa, trasladó que ni los agentes de
Frontex
le avisaron. Ya se sabe que su altanería a todos alcanza. Llegó a anunciar la publicación de los informes previos a la entrada masiva y se quedó tan tranquilo como al deslizar que los servicios secretos no le valen. Es un error. Y mucho más grave con dos ciudades incrustadas en
África
. Un buen presidente tendría que callarse aunque fuera cierto. Más allá de lo que digan los documentos, la gravedad de la crisis ceutí no admite discusión y su deber es reaccionar para que no se repita un nuevo asalto, antes que lamentarse. Si nadie le alertó, ¿por qué no fulmina a los responsables? La prudencia siempre es recomendable, pero Marruecos
entiende tanto de diplomacia como de derechos humanos
y no cejará en su empeño. Si el Gobierno no responde con contundencia y permanece sentado a la espera de que se aburra y desista sólo alimentará su ambición.
Quizá Sánchez, vista su pasividad evidente, siga pensando que sobra el Ejército o que el único de su agrado sea el de
Gila
: cuatro soldados y una metralleta y que se jueguen a las chapas quién dispara, llegado el caso. Los ceutíes se preguntan qué ocurriría si
Rabat
ordenara otro asalto y qué se ha hecho hasta ahora para impedirlo. Por una vez la oposición y los socios del PSOE coincidieron: en Marruecos no se mueve una hoja sin permiso. Y el
halo de Maquiavelo
de la maldad que todos veían alrededor de Sánchez se esfumó. ¿A qué espera? Puede llamar por teléfono y preguntar si está el enemigo o puede confiar en sus servicios secretos. Aunque visto que no vio venir a
Ábalos, Cerdán y compañía
, ¿por qué iba a estar a la altura de un pulso con Rabat?
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