Las estadísticas policiales van por un lado y la percepción ciudadana va por otro. Esta es la clave de todo. En muchas localidades de la Catalunya interior ha habido un incremento de la población inmigrante, principalmente del norte de África, que ha cambiado el paisaje de las calles. Las chilabas y los velos se han multiplicado en centros históricos que, al mismo tiempo, se han ido degradando por la mala gestión de las diferentes administraciones. De forma injusta se ha asociado la presencia de estos inmigrantes con la inseguridad o el deterioro urbanístico de estos barrios y aquí radica el crecimiento de formaciones xenófobas que aprovechan este caldo de cultivo para convertirse en alternativas de gobierno.
El caso de Manresa que hoy explica muy bien Mayka Navarro en las páginas de La Vanguardia es un ejemplo significativo. Existen vecinos que tienen miedo a salir de noche y se coordinan en grupos de WhatsApp para que ninguna mujer vaya sola a determinadas horas. Esta ciudad ha atraído la atención mediática por el crimen de Carles Vilajosana, un hombre de 45 años de Castellnou de Bages, muy querido y apreciado entre sus vecinos, a manos de dos jóvenes catalanes. Desde el primer momento, las redes sociales y los partidos xenófobos que juegan a crecer a costa de la inmigración se apuntaron a la tesis de que eran dos menas. Estos partidos convocaron un acto de protesta ante el Ayuntamiento para estigmatizar el colectivo inmigrante. Las aclaraciones posteriores de la consellera de Interior, Núria Parlón, no evitaron el discurso racista y también simplista que existe en las redes.
La Generalitat ha lanzado un plan de barrios para mejorar la cuestión urbanística y los Mossos d'Esquadra han multiplicado su presencia, pero el problema va mucho más allá. Los delitos habituales que se producían todos los días ahora se magnifican porque son realizados por inmigrantes, por 'los otros'. Representantes de la comunidad islámica de Manresa acudieron el viernes al funeral de Carles Vilajosana en una muestra de solidaridad. Pero toca mucho por hacer para superar los recelos y, sobre todo, cuando hay intereses electoralistas en culpar a la inmigración de los problemas que tiene el país.
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