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Finalmente, luego de eternas discusiones parlamentarias y legales, la Corte Constitucional le dio luz verde al grueso de la reforma pensional colombiana. Quedan batallas legales y debates legislativos—estos últimos tanto porque la Corte devolvió a la Cámara de Representantes algunos apartes como porque algunos partidos han anunciado iniciativas de contrarreforma.
La aprobada tiene claroscuros. En los claros, el más importante: en el lejano futuro, las pensiones máximas que pagará Colpensiones estarán acotadas porque las contribuciones que recibirá llegarán hasta un tope de 2.3 salarios mínimos. Dejaremos de subsidiar con nuestros impuestos las altas pensiones—la política más regresiva del Estado colombiano en el siglo XXI.
La reforma también establece, siguiendo con los claros, que no habrá competencia entre regímenes: los ciudadanos no tendremos que elegir entre el sistema de reparto y el de ahorro individual, todos cotizaremos hasta 2.3 salarios mínimos en el primero y el resto en el segundo. Otro claro: aquellos que no cumplan con los requisitos para una pensión recibirán una renta vitalicia calculada sobre las contribuciones que hayan hecho en lugar de recibir de vuelta sus contribuciones. El sistema pensional está pensado para que ahorremos durante nuestra vida joven a cambio de tener unos ingresos garantizados en la vejez, no para que nos devuelvan el saldo ahorrado. Ojalá no tomen vuelo las ideas de contrarreforma que en nombre de la libertad abogan por volver a tener dos regímenes de libre elección y a la devolución de saldos.
En los aspectos oscuros, al mover a todos los aportantes del sistema a Colpensiones hasta los 2.3 salarios mínimos, la cuenta por pagar del Estado colombiano neta de las contribuciones que recibirá en el futuro es significativamente más grande que la actual. Si hoy ya destinamos casi uno de cada cuatro pesos de impuestos a honrar la cuenta pensional, en el futuro con estas reglas y con el declive poblacional, los que seremos viejos mañana nos acabamos de aprobar unas pensiones futuras con cargo a los jóvenes de hoy que les resultarán impagables.
La reforma ahondó en una inequidad que buena parte del resto del mundo ya abolió: la de tener un sistema pensional diferencial para hombres y mujeres. A una diferencia en la edad de pensión que ya existía le agregó una reducción en las semanas necesarias para acceder a la pensión a todas las mujeres y que se acentúa si tienen hijos. Ahora, con solo 17 años de contribuciones una mujer con tres hijos podría
pensionarse a los 57 años. ¿Cuáles son las cuentas? Aporta por 17 años el 16% de su salario y luego cobra la pensión que puede ser del salario completo por más de 20 años de acuerdo con la expectativa de vida en Colombia.
Y en el más oscuro de todos los frentes, la reforma no abordó ninguna de las decisiones difíciles relacionadas con la sostenibilidad financiera y la justicia generacional del sistema: la edad de pensión, la pensión mínima atada al salario mínimo futuro en lugar de la inflación, los regímenes especiales. Hay tareas para el futuro. Pero en lo grueso, es más fácil moverse en esa dirección partiendo de estas reglas que de las anteriores.
@mahofste
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