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no de los sitios patrimoniales más importantes y valiosos no sólo para los capitalinos, sino para todos los mexicanos es el Zócalo. Es el corazón del país y fue el propio pueblo el que lo bautizó, cuando en 1843, el proyecto del presidente Antonio López de Santa Anna de realizar una columna conmemorativa de la Independencia en el centro de la plaza quedó inconcluso. Sólo permaneció el basamento, también llamado zócalo, la gente le comenzó a llamar así y se le quedó.
A lo largo de los siglos ha sido sitio de encuentro, espacio colectivo de celebración, de queja, fiesta, duelo o simplemente para sentir su grandeza en una caminata; es un símbolo de identidad. Ha sido la sede de los poderes desde que era Tenochtitlán.
A lo largo de la historia, ha sido un sitio abierto, de libre paso hasta que –lo digo con tristeza– el presidente López Obrador se fue a vivir ahí y comenzó paulatinamente la toma del espacio.
Primero, cerraron la calle de Corregidora para que los visitantes de presidencia y los asistentes a la mañanera puedan estacionarse y entrar con comodidad. Después, comenzaron a colocar vallas alrededor del Palacio cuando había manifestaciones –para proteger el patrimonio, aducían– poco a poco se fueron quedando permanentemente y han ido colocando varias hileras más y ya son tres filas.
Desde enero de 2024, las calles que rodean al Zócalo fueron declaradas oficialmente zona peatonal. Un acuerdo publicado en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México, estableció que la calle Plaza de la Constitución, así como las calles 5 de febrero, 20 de noviembre y parte de José María Pino Suárez son exclusivamente para peatones.
Desde hace meses la restricción se extiende a los primeros tramos de 5 de mayo, Madero, 16 de septiembre y, en general, las calles que dan a acceso a la principal plaza del país.
Supuestamente uno de los propósitos de la peatonalización es permitir el libre tránsito de las personas; sin embargo, éstas, casi cotidianamente tienen el acceso restringido por vallas, conos y trafitambos. Resguardan el acceso hombres y mujeres policías que exigen de mal modo una identificación que pruebe que trabaja en algún lugar alrededor de la plaza y si no la tiene, lo mandan a dar una larga vuelta.
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