Víctor Hugo Acosta Cardona

A Josefo

Image
Hay personas que estudian la historia y otros que se funden en ella. José Fernando Ocampo Trujillo perteneció a ambos universos. Manizaleño de nacimiento cuando estas tierras eran el viejo Caldas y colombiano por la amplitud de sus análisis, dedicó su vida a comprender el país, a enseñarlo, a reflexionar sobre él y, ante todo, a luchar por transformarlo. Aunque pasó buena parte de su vida lejos de la capital de Caldas -'Me fui de niño y volví de viejo', dijo alguna vez-, nunca dejó de escudriñar en sus orígenes. Su obra Dominio de clase en la ciudad colombiana es una referencia clave para comprender la formación económica, política y social de la ciudad que lo vio nacer. También estudió la colonización antioqueña, las guerras civiles de 1860 y 1876 y el lugar de Caldas en la historia del país. Miraba su tierra sin complacencias, porque sabía que querer una ciudad también significa cuestionarla. Fue licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad Javeriana y doctor en Ciencia Política de la Universidad de California. Fue docente y decano en varias universidades. Sin embargo, ningún título alcanzó a definirlo mejor que la palabra maestro y así lo recuerdo. José Fernando no concebía el conocimiento como algo decorativo exclusivo para una élite del saber. Por el contrario, escribía y enseñaba, era un ser humano generoso, conceptualmente claro, académicamente profundo y pedagógicamente riguroso. Sus libros -entre ellos Colombia siglo XX, Ensayos sobre historia de Colombia, Historia de las ideas políticas en Colombia y La educación: de la Colonia al siglo XX-, son evidencia de ello. Fue un convencido de que la enseñanza de la historia debe formar una conciencia histórica y una conciencia de soberanía nacional. Pero su herencia no quedó únicamente en los anaqueles de libros. Como dirigente del magisterio fue determinante en las luchas que condujeron al Estatuto Docente de 1979 y a la Ley General de Educación en 1994. En los 80 fue uno de los fundadores e inspiradores del Movimiento Pedagógico, defendió la educación pública y promovió una escuela nacional, democrática y científica. Para él, enseñar no era repetir contenidos. Era formar seres humanos capaces de pensar con independencia, con sentido crítico, capaces de transformar la realidad Tenía una militancia política definida, no se escondía en falsas neutralidades, y encontró en las ideas de Francisco Mosquera, pensador santandereano, una inspiración permanente para la defensa de Colombia, de su soberanía. Pensar y hacer eran su amalgama favorita, teoría y práctica. Quienes tuvimos el honor de escucharlo personalmente y compartir su causa recordamos su lucidez, su asombrosa memoria, su franqueza que otros confundían con ser gruñón, y aquel carácter capaz de dar debates sin renunciar jamás a sus convicciones, sin atacar a las personas y sí debatiendo con altura los argumentos. Esta forma de ser lo llevó a ganar el respeto y la admiración de muchas personas, que, aunque no compartieran sus ideas, lo respetaban y querían profundamente. Manizales despide a uno de sus brillantes embajadores en Colombia. Hay desasosiego por su partida, pero también gratitud por su obra. Josefo, como le decíamos de cariño, no se va del todo. Permanecen sus libros, las conquistas del magisterio, sus enseñanzas y los profes que aspiramos a no defraudarlo y poder ser, al menos, aprendices de maestros.
A Josefo
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.