Recientemente, Panamá fue nuevamente país anfitrión del ejercicio Panamax que, en su versión 2026, contó con la participación de 19 países y más de 1,700 efectivos. Durante dos semanas, fuerzas de seguridad y defensa realizaron ejercicios prácticos y de simulación orientados a fortalecer su capacidad de respuesta conjunta ante amenazas que pudieran afectar la seguridad y la libre circulación por el Canal de Panamá, una vía al servicio del comercio global.
Los ejercicios Panamax comenzaron en 2003 y, desde entonces, se han realizado periódicamente para simular escenarios en los que un actor hostil amenaza la seguridad y operatividad de la vía interoceánica. Con el paso de los años, el ejercicio ha evolucionado hasta incorporar capacidades marítimas, terrestres, aéreas, de operaciones especiales y otros dominios. Su propósito es fortalecer la interoperabilidad y la capacidad de una fuerza multinacional para responder ante una eventual amenaza al Canal.
Panamax 2026 cobra especial relevancia en el contexto global actual, en el que los Estados han reforzado la atención sobre estrechos, canales y otras zonas de alto valor para el tráfico marítimo mundial. Garantizar la navegación segura en estos puntos no solo protege el comercio, sino que preserva las cadenas de suministro y las capacidades estratégicas frente a posibles actores hostiles.
Es bien sabido que el Canal de Panamá constituye una pieza estratégica del comercio global. La vía conecta 180 rutas marítimas con 1,920 puertos en 170 países. Estados Unidos continúa siendo su principal usuario: aproximadamente dos tercios de la carga que transita por el Canal tienen como origen o destino ese mercado. A ello se suma la importancia de los buques que transportan gas natural licuado y gas licuado de petróleo, entre otros tráficos estratégicos.
Las actuales tensiones internacionales han demostrado que la seguridad de una ruta marítima ya no puede analizarse únicamente desde la protección física de sus instalaciones. La experiencia reciente en otros escenarios ha puesto de manifiesto que una infraestructura crítica puede ser afectada mediante ataques cibernéticos, sabotaje, desinformación u otras formas de presión que no requieren el empleo de armamento convencional. Los recientes acontecimientos en Europa demuestran que estas amenazas ya no pertenecen al terreno de la especulación y pueden afectar infraestructuras esenciales para el funcionamiento de los Estados.
Panamá no puede permanecer ajeno a esta realidad. La seguridad del Canal debe entenderse como un asunto integral que abarque su infraestructura física, sus sistemas tecnológicos, sus comunicaciones, sus accesos marítimos y las cadenas logísticas que dependen de su funcionamiento continuo. Pero también debe existir una capacidad permanente para identificar amenazas, compartir información y coordinar respuestas a nivel nacional y con países que tienen intereses legítimos en preservar la libertad de navegación y la estabilidad del comercio internacional. La seguridad del Canal no puede analizarse únicamente desde dentro de la franja canalera; debe entenderse como un asunto de seguridad nacional que involucra al país en su conjunto.
Panamax no debe verse únicamente como un ejercicio militar. Es también una señal de la importancia que la comunidad internacional, especialmente Estados Unidos, concede a la necesidad de garantizar la continuidad de esta vía interoceánica. Para Panamá, representa una oportunidad para fortalecer sus capacidades nacionales y, al mismo tiempo, construir y consolidar alianzas que permitan prevenir amenazas antes de que se conviertan en crisis.
La protección del Canal no puede depender exclusivamente de reaccionar cuando ocurra una amenaza. La verdadera seguridad consiste en anticiparla, disuadirla y estar preparados para responder. En un mundo donde el comercio marítimo y la geopolítica están cada vez más vinculados, Panamá debe asumir que proteger el Canal es también proteger su soberanía, su economía y su posición estratégica frente al mundo.
El autor es abogado.
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