Demetrio Sodi
La presidenta Claudia Sheinbaum en su segundo informe de gobierno el martes pasado dijo que 'vamos mejor y tenemos rumbo'. Tiene razón: si comparamos los dos primeros años de este gobierno con todo el sexenio de López Obrador, vamos mejor. Pero esto no quiere decir que el país esté bien o que vaya por el rumbo correcto.
El sexenio de López Obrador tuvo dos aciertos que le ganaron el agradecimiento y el apoyo de una buena parte de la ciudadanía: los aumentos al salario mínimo y los programas sociales. Fuera de eso, su sexenio fue un verdadero desastre en salud, educación, seguridad, inversiones inútiles, creación de empleos y economía.
En cada informe presidencial sucede lo mismo: los presidentes, y ahora la presidenta, hablan de lo que han hecho, pero no dicen cómo está realmente la nación.
El país, desde hace muchos años, está mal en educación y salud. Qué bueno que haya becas para los estudiantes y que se abran plazas para la educación media y superior, pero la calidad educativa que ofrece el gobierno es muy mala. Las niñas y los niños salen mal preparados y se privilegia el adoctrinamiento sobre el conocimiento.
Algo similar sucede en materia de salud. Qué bueno que se construyan más hospitales, que haya más camas y que se esté haciendo un esfuerzo para mejorar el suministro de medicamentos, pero el sistema de salud pública de México está muy lejos de atender con calidad y oportunidad a toda la población. Cerca del 50% de los derechohabientes del IMSS y del ISSSTE consideran que el servicio no es bueno y que sigue habiendo desabasto de medicamentos.
En seguridad ha habido una reducción importante en el número de delitos y de homicidios dolosos, pero seguimos siendo uno de los países con mayor violencia en el mundo. Nadie puede decir que estamos bien con 40 homicidios dolosos diarios y cerca de 30 personas desaparecidas. Muchos municipios del país están controlados por la delincuencia organizada, con la complicidad de políticos de Morena. Los escándalos de corrupción de varios gobernadores y legisladores de Morena le han explotado en la cara a la presidenta, quien prefiere callar y cerrar los ojos antes que actuar contra ellos.
Si se compara el gobierno de Claudia Sheinbaum con el de López Obrador, sí, vamos mejor. Pero el margen de acción de la presidenta se está acabando.
Se pudieron aumentar los salarios porque no se habían incrementado en 30 años y estaban por los suelos. Sin embargo, ya no hay margen para seguir aumentándolos muy por encima de la inflación sin afectar a las empresas, sobre todo a las pequeñas y medianas.
El otro gran éxito de López Obrador fue aumentar los programas sociales. Estos programas no se han pagado con austeridad y combate a la corrupción, como dice el gobierno; se han financiado, al igual que el Tren Maya, la refinería y los aeropuertos, con deuda pública que tendrán que pagar las próximas generaciones.
No hay margen para seguir aumentando la deuda si no queremos que salga la inversión financiera del país al perder el grado de inversión otorgado por las calificadoras. El aumento de la deuda en estos ocho años ha sido de 10 billones de pesos, con los que se han financiado los programas sociales y los caprichos de López Obrador.
El país no va por el rumbo correcto, como dice la presidenta. La economía crece apenas al 1.2%, mejor que el 0.8% registrado durante el gobierno de López Obrador, pero totalmente insuficiente para crear empleos, financiar el gasto social y reducir la pobreza sin seguirnos endeudando.
Los inversionistas no tienen confianza en el gobierno, ni la tuvieron con López Obrador ni la tienen ahora con Claudia Sheinbaum. No la tienen porque no le ven futuro a nuestra economía y porque no tienen certeza sobre el Estado de derecho.
Sí, vamos mejor, pero el país no está bien y el futuro no está claro mientras lo que llaman la Cuarta Transformación y Morena sigan en el gobierno.
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