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Septiembre es el mes de concientización sobre los implantes dentales, una oportunidad para hablar de una alternativa que ha transformado la manera de reponer los dientes ausentes, se necesita algo fundamental antes de pensar en colocarlo: un diagnóstico correcto y un buen plan de tratamiento.
Un implante dental es una estructura que se coloca en el hueso de los maxilares para sustituir la raíz de un diente ausente y servir posteriormente de soporte para una corona u otro tipo de rehabilitación. Su objetivo no es simplemente llenar un espacio vacío, sino contribuir a recuperar función, estabilidad y estética de una manera planificada.
La razón para necesitarlo es la ausencia de uno o varios dientes, las causas que llevan a esta son muy diferentes. Un diente puede perderse como consecuencia de caries, enfermedad periodontal, traumatismo o accidente, fractura dental o determinadas complicaciones que hacen imposible mantener la pieza en boca.
Existen personas que nacen sin uno o varios gérmenes de dientes permanentes, condición conocida como agenesia dental. En estos casos, el implante puede ser una alternativa de tratamiento, dependiendo de la edad, el desarrollo del paciente, el espacio disponible y las condiciones del hueso y de los tejidos.
La ausencia dentaria de uno o varios dientes no significa que automáticamente se pueda colocar un implante. Primero es necesario conocer el estado general de salud del paciente, sus antecedentes médicos, medicamentos que utiliza y cualquier enfermedad sistémica que pueda influir en la cicatrización o en el tratamiento. Condiciones médicas no controladas pueden requerir estabilización o evaluación conjunta con el médico antes de proceder.
La boca, también debe estar preparada. Una enfermedad periodontal activa, infecciones, caries sin tratar o una higiene oral deficiente deben ser evaluadas y controladas. Colocar un implante en una boca que no se encuentra en condiciones adecuadas puede llevarnos al fracaso.
Otro aspecto esencial es saber si existe suficiente hueso y si este reúne las características necesarias. No basta con observar el espacio que dejó el diente. Hay que estudiar la cantidad y calidad del hueso, la posición de estructuras anatómicas importantes, el espacio disponible entre los dientes y la forma en que el paciente muerde. En algunos casos puede ser necesario realizar procedimientos adicionales para preparar la zona antes de colocar el implante.
La evaluación, diagnóstico y plan de tratamiento debe ser realizado por un implantologo, en conjunto con los especialistas y cuantas interconsultas él considere necesario. El examen clínico se complementa con estudios de imágenes, una tomografía que permite analizar tridimensionalmente el área y planificar con mayor precisión la posición, longitud y diámetro del implante, así como su relación con las estructuras vecinas.
La tecnología ha hecho posibles tratamientos cada vez más precisos, pero ningún equipo sustituye una evaluación profesional completa. Cada boca es diferente y cada implante debe responder a una planificación individual.
Este mes de concientización sobre los implantes dentales también debe servir para recordar algo aún más importante: el mejor diente siempre será aquel que podamos conservar sano. La prevención, es de vital importancia para la salud oral.
Cuando conservar el diente ya no es posible o este nunca se desarrolló, los implantes dentales pueden representar una excelente alternativa. La pregunta no debe ser solamente '¿puedo ponerme un implante?', sino '¿están dadas las condiciones para colocarlo de manera segura y planificada?'.
Un buen implante no comienza el día de la cirugía. Comienza mucho antes, con un diagnóstico y plan de tratamiento correctos.
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