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Abraham Ramírez Pérez

Razones por las que Morena no puede perder Sinaloa

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Sumidero Edgar Hernández Ramírez Morena puede perder gubernaturas en 2027, pero Sinaloa no. No porque sus votos valgan más ni porque perder el estado altere por sí mismo el equilibrio nacional. El problema es mucho más delicado: una victoria del PAN entregaría a la oposición el territorio, los archivos y una interlocución privilegiada con Estados Unidos desde donde podría intentar convertir el caso Rubén Rocha Moya en la prueba política de su narrativa del 'narcogobierno'. Eso es lo que realmente está en juego. Morena necesita desprenderse del rochismo sin perder Sinaloa. Si conserva la gubernatura podrá presentar lo ocurrido como demostración de que el movimiento fue capaz de limpiar la casa. En cambio, si la pierde, el PAN podrá argumentar exactamente lo contrario: que fueron los sinaloenses quienes tuvieron que sacar a Morena del gobierno. Por eso 2027 será mucho más que una elección estatal. He aquí varias lecturas: 1. Perder Sinaloa convertiría el caso Rocha en sentencia electoral. La oposición presentaría el resultado como un veredicto popular: Morena perdió el estado emblemático del Cártel de Sinaloa después de que su gobernador fuera acusado en Estados Unidos. Jurídicamente una elección no demuestra delito alguno, pero políticamente se interpretaría como que los sinaloenses echaron al partido del gobernador investigado. 2. Morena necesita demostrar que Rocha era el problema. Ésta es la batalla central. La operación posterior permite construir una frontera: salió Rocha, llegó Graciela Domínguez, Imelda Castro encabezó la renovación y el movimiento sobrevivió. Si Morena gana, podrá hablar de depuración, en cambio, si pierde, la oposición hablará de castigo. 3. Un gobernador panista tendría un mirador privilegiado sobre la guerra contra el narco. No controlaría Ejército, Marina, Guardia Nacional, Fiscalía General ni inteligencia federal. Pero gobernaría el territorio donde actúan organizaciones criminales prioritarias para México y Estados Unidos. Tendría policía, aparato administrativo y asiento en las mesas de seguridad. Desde ahí podría observar, cuestionar y narrar diariamente la estrategia federal. 4. Podría aparecer el modelo Maru Campos. La gobernadora de Chihuahua ha demostrado que se puede cooperar institucionalmente con la presidenta Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch mientras se construye interlocución propia con Estados Unidos y se cuestiona la estrategia federal. Traslademos la fórmula a Culiacán: nosotros queremos colaborar con Washington dentro de la ley; si Palacio Nacional no quiere avanzar, que explique por qué. Sería un contraste permanente. 5. Washington tendría una contraparte política alternativa en Sinaloa. La política exterior seguiría perteneciendo constitucionalmente a la Federación, pero existen cooperación técnica, capacitación, consulados e intercambio institucional. Estados Unidos tendría frente a sí a un gobernador interesado en exhibir mayor disposición para colaborar. Sheinbaum conservaría la conducción bilateral, pero podría perder el monopolio de la narrativa de cooperación. 6. Morena entregaría algo más peligroso que Palacio de Gobierno. Una alternancia abre archivos, contratos, nóminas, proveedores, bitácoras, expedientes y decisiones administrativas. Eso no significa que necesariamente contengan delitos, pero un gobernador adversario tendría enormes incentivos para revisar hasta el último papel del sexenio Rocha. En política, perder el gobierno también significa entregar el archivo. 7. Cada hallazgo podría convertirse en munición nacional e internacional. Una irregularidad puede convertirse en denuncia local; una denuncia, en investigación federal; una investigación, en noticia nacional; y determinada información, eventualmente, resultar de interés para autoridades estadounidenses. El PAN tendría una plataforma formidable para intentar demostrar que el problema sinaloense fue más profundo que Rocha. 8. La alternancia podría complicar el combate criminal. Federación morenista, gobierno panista, policías estatales y fuerzas federales con agendas distintas pueden producir desconfianza, filtraciones y disputas por información. Los cárteles saben aprovechar fracturas institucionales. Precisamente por eso Sheinbaum tiene incentivos adicionales para conservar alineamiento político en un territorio donde la coordinación puede significar vidas y operaciones. 9. Si al PAN le va bien, Sinaloa podría convertirse en plataforma para 2030. Imaginemos una reducción de homicidios, capturas importantes y mejor percepción de seguridad entre 2027 y 2029. Aunque buena parte de los resultados proviniera de fuerzas federales, el gobernador opositor reclamaría su parte. El mensaje sería formidable: nos entregaron el estado emblemático del narcotráfico y recuperamos el control. Sinaloa podría convertirse en vitrina presidencial. [email protected]
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