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Maracaibo tiene voz: la banda sonora de una ciudad irredenta (Por Luz Neira Parra) -

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Esta mañana desperté pensando en Maracaibo. Hace años que no camino sus calles ni siento de frente ese sol inclemente que parece tener una temperatura propia. Hace años que estoy lejos. Y, sin embargo, hay ciudades de las que uno nunca termina de irse. Maracaibo es una de ellas. La llevo dentro. Está en mis afectos, en mi memoria y, sobre todo, en el corazón. Porque yo crecí escuchando radio. Este 8 de septiembre, cuando Maracaibo celebra 497 años de su primera fundación, quiero rendir homenaje a mi ciudad desde un territorio íntimo: sus sonidos. A esa Maracaibo que durante décadas se escuchó a sí misma a través de la radio, la música y, muy especialmente, la gaita. Mi madre encendía la radio temprano mientras cocinaba. En casa sonaba Radio Calendario, desde muy temprano, con sus radionovelas, su música y, al mediodía, el noticiero Marazul. Pero antes del noticiero estaba don Armando Molero, «El Cantor de Todos los Tiempos», con su guitarra y aquella voz inconfundible, cantando en vivo sus propias composiciones. Sus presentaciones al mediodía eran una cita cotidiana para los hogares zulianos. Mi madre me repetia una anécdota que siempre me ha acompañado. Yo nací al mediodía, en casa, como tantos niños de aquella generación, cuando todavía muchas mujeres daban a luz con la asistencia de una comadrona. Y ella nunca me decía simplemente: «Mi amor, tú naciste a las doce». Me decía: «Mi amor, tú naciste cuando empezó a cantar Armando Molero». Después venía el noticiero Marazul. Estaba Guillermo Barrera, en Ondas del Lago, con aquel estilo cercano, desenfadado y profundamente maracucho. Todavía recuerdo su despedida: «Bueno, nos fuimos, nos vamos, nos vemos». Pero aquella radio no estaba solamente en las casas. Sonaba en los abastos, en los comercios, en las oficinas y, sobre todo, en los carritos por puesto que atravesaban la ciudad. El conductor escogía la emisora, pero todos los pasajeros terminábamos compartiendo aquella escucha. Por los parlantes viajaban las noticias, la música, el humor, los comentarios y las voces de los locutores que ya eran parte de la vida cotidiana. Maracaibo se movía y sonaba al mismo tiempo. Y cuando llegaba la temporada gaitera, la ciudad adquiría otra dimensión. La gaita le ponía música a sus calles, mientras la radio multiplicaba esas voces y las llevaba a cada hogar, a cada carro, a cada rincón. La gaita cantaba al lago, al puente, a Santa Lucía, a la Chinita, al amor, a la nostalgia y también a la protesta. Radio y gaita fueron, juntas, parte esencial de la identidad sentimental del Zulia. Y estaba también el deporte. Las Águilas del Zulia no solo se hicieron un lugar en el corazón de los maracaiberos: se hicieron escuchar por toda la ciudad a través de la radio. El primer circuito radial del equipo salió al aire por Radio Maracaibo, con la voz inconfundible de Arturo Celestino Álvarez , «El Premier», narrando los juegos. Mi papá y mis hermanos los escuchaban religiosamente. Y por aquella misma radio también llegaban las peleas de boxeo, otro de los grandes espectáculos que reunían a la familiaalrededor del aparato en la Sala o en la cocina de la casa. Antes de que pudiéramos verlo todo por televisión, la radio nos hacía imaginar cada jugada, cada golpe, cada momento. Maracaibo también aprendió a vivir el deporte escuchándolo. Aquella radio AM de los años sesenta, setenta y ochenta era mucho más que un medio de comunicación. Era una conversación pública. Una plaza invisible que atravesaba la ciudad. Cada emisora tenía su personalidad y cada locutor, su territorio afectivo. Estaba Don Pedro Colina, cuya voz quedó ligada a Radio Zulia, luego convertida en Mundial Zulia. Estaba Luis Guillermo Govea, el «Guerrillero del Aire», fundador de Radio Mara y figura fundamental de la radiodifusión zuliana. Estaba Óscar García "ventarron" con La Ciudad de Óscar. Y estaban tantos otros. No eran celebridades distantes. La gente los esperaba, los reconocía y comentaba sus ocurrencias. Y hubo algo especialmente valioso en aquella radio: aquellos locutores no intentaron esconder la manera de hablar del zuliano. No inventaron nuestro lenguaje. Tuvieron la inteligencia de no esconderlo. El «vos», las expresiones coloquiales, el humor y la irreverencia maracucha encontraron espacio frente al micrófono. Luego llegó la adolescencia y cambié de dial. Allí estaba Radio Reloj, con otra música, otro ritmo y una programación dirigida a una generación más joven. Allí estaban Rafael Aponte, con Combinaciones; Argenis D'Arienzo; Mercy Gallardo; y Gerardo Pozo, con sus inolvidables Chupetas Ácidas. Los domingos también eran radiofonicos en aquellas tardes noches que parecían hechas para la radio y el prigrama "El Domingo es para usted", por Ondas del Lago tenia un nicho muy especial. Era otra manera de acompañar el fin de semana, cuando la radio seguía siendo parte de la vida cotidiana. Era la radio de la adolescencia de una época de transición los nuevos sonidos, grupos musicales que se imponian en la televisión y una manera diferente de relacionarse con quienes estaban detrás del micrófono. Después llegó la FM y cambió el paisaje sonoro. Aparecieron nuevos formatos, nuevas estéticas y audiencias más segmentadas. Sabor 106 FM se convirtió en una referencia para varias generaciones. Los domingos de cada semana por casi 20 años llegaba Ramón Bolívar Jr, con "Qué Tiempos Aquellos," mis hermanos se reunían a jugar DOMINÓ escuchando la música del recuerdo. Convirtiéndose en uno de los espacios emblemáticos de la emisora. También estuvieron Metrópolis y OK 101, emisoras que formaron parte de aquel nuevo paisaje sonoro de la Maracaibo de la FM. Y allí quedaron voces que marcaron a una generación, como Eduardo Aldrey, con su irreverente "Con las Pilas Puestas, " y Danilo Bautista, con su voz profunda y su recordado Encuentro Cercano . Era la Maracaibo de los años 80. Las emisoras FM maracaiberas irrumpieron con grandes audiencias. No fueron necesariamente ni mejores ni peores. Fueron diferentes. Era el avance indetenible de las tecnologías de información. Pero la vieja AM consiguió algo extraordinario: que una ciudad entera sintiera que participaba de una misma conversación. Hoy muchas de aquellas emisoras han desaparecido o cambiado. Muchas de aquellas voces ya no están. También cambió radicalmente nuestra manera de escuchar música y recibir información. Pero hay una historia de Maracaibo que no está solamente en los libros. Está en la memoria. En una gaita que anuncia la Feria de la Chinita. Está en el «vos» que todavía nos identifica en cualquier lugar del mundo. Por eso, en este aniversario, quiero celebrar ese Maracaibo irredento que se resiste a desaparecer: el de su lenguaje, su humor, sus personajes historicos, sus amados poetas, su música tan diversas, su irreverencia y sus voces. Un Maracaibo que ha cambiado, que tiene heridas y que ha vivido profundas transformaciones, pero que conserva aquello que lo hace único. Hay ciudades que sobreviven en las fotografías. Otras permanecen en los libros. Maracaibo también sobrevive en la memoria de sus sonidos. Porque una ciudad tiene edificios, historia y monumentos. Pero también tiene voz. Y Maracaibo, 497 años después, sigue hablando con voz siempre diferente, fuerte y potente. Feliz cumpleaños, Maracaibo!. Que nunca se apague tu voz. Profa. Luz Neira Parra
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